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Lunes, 17 de abril de 2006
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SOCIEDAD
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Los nuevos colonos
El proceso de despoblación es reversible. Núcleos rurales condenados a morir vuelven a rebosar de vida
Los nuevos colonos
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LOS DATOS
En 1991 se creó la Asociación de Municipios contra la Despoblación y el proyecto ANER de cooperación entre grupos de desarrollo rural de distintas comunidades autónomas. Su trabajo se concretó en el programa 'Abraza la tierra', a través del cual quince grupos de Aragón, Castilla y León, Cantabria y Madrid luchan contra la despoblación. Gabriela y Gustavo

El primer día que Gabriela y Gustavo, de origen uruguayo, hicieron pan para el pueblo turolense de Sierra de Albarracín fue emocionante. «Éste es nuestro lugar». En la foto, aparece la mujer acompañada de un vecino.

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Los pueblos son organismos vivos. Nacen en un momento histórico, crecen, se desarrollan, menguan, envejecen y, a veces, mueren. La única diferencia con los seres humanos es que el proceso es reversible. Ejemplos, los hay, y muchos. Hay proyectos como 'Abraza la tierra' que hacen lo posible por despojar del calificativo de 'fantasma' a zonas rurales convertidas en desiertos demográficos. A través de él, nuevos pobladores venidos de la urbe mantienen los pueblos con vida y los vuelven sociables.

Desde su casona familiar en la comarca salmantina de Sierra de Béjar y Sierra de Francia, Josefa Martínez ha visto llegar «a los nuevos inquilinos uno tras otro». «Normalmente, los que regresaban a la aldea eran jubilados. Ahora han venido unos chicos de Barcelona, los padres eran de aquí y se quieren establecer. También hay argentinos, rumanos, búlgaros. Y toda la gente se ha encontrado muy cómoda, porque aquí somos acogedores. Si tienes que echarles una mano en cualquier cosa, se les echa», asegura.

Álvaro Carrasco, presidente de País Románico, un colectivo que lucha por atraer iniciativas y gentes a las tierras más yermas de Cantabria, está convencido de que «hay mucha gente que está dispuesta a cambiar dinero por calidad de vida, así de claro. Son personas que no desean llevar una vida en la ciudad», dice.

Como Vicenta Álvarez. Volvió a sus orígenes, en Ciudad Rodrigo, Salamanca, tras haber vivido y trabajado en Madrid como fotógrafa 'freelance'. Ahora se dedica a la artesanía en madera. Fue la última niña que estudió en la escuela del pueblo y, quizá por eso, vive totalmente implicada con el desarrollo del municipio. Su mente es un hervidero de ideas y proyectos.

Como Mario Domínguez. Ahorró todo lo que pudo en la ciudad para regresar al pueblo de la familia, situado en la comarca leonesa de Tierra de Campos. Encontró en el oficio que desempeñaba su abuela la forma de trabajar en el campo y poder vivir de ello: es apicultor y agricultor ecológico y ha aportado al trabajo de la tierra un aire de modernidad.

Segunda oportunidad

O como Reyes Monfort y Diana y José Luis. La primera lleva siete años viviendo en Becerril del Carpio, un pueblo palentino de catorce habitantes, y nunca se ha sentido sola. Allí ha construido su casa y modelado su carrera profesional; combina en sus cuadros la cerámica y la arqueología.

Diana Albors y José Luis del Valle, en cambio, ya probaron una vez a vivir en el campo. Compraron el manual del agricultor autosuficiente, pero no funcionó. Ahora quieren volver a intentarlo y han regresado cargados de experiencia y energía para desarrollar un centro de mediación y terapia familiar en el entorno rural de Teruel, en una aldea donde una calle se llama 'Concordia'; otra 'Paz'; 'Fantasmas', 'Libertad' «Cuando nos vinimos, nuestra hija de 17 años nos puso una condición: que aquí tuviera ADSL. El pueblo tiene de todo, incluido el ADSL. Al cabo de unos meses, nos preguntó: '¿Sabéis cual es el segundo momento más feliz de mi vida? Cuando decidimos venirnos aquí'. Nos maravilló», relata este matrimonio.



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