Prueba superada. La semana pasada el titular de esta sección era 'Praga pide una hazaña'. Pues como todo el mundo sabe salvo que hayan estado en Sebastopol pasando la Semana Santa, dicho y hecho. El TAU escribió una página grandiosa en su ya dilatado historial, pues pocas veces la empresa resultaba tan complicada. Pero demostró que es un equipo grande, pues cumple, como lo hizo durante la Copa, una condición esencial para poder ser considerado como tal, y no es otra que estar a la altura de las circunstancias. Dicho en cristiano, cuando hay que dar lo máximo, hacerlo. La actuación fue sobresaliente de principio a fin. En el arranque, pues demostró que ni el rival, ni el ambiente adverso ni lo mucho que estaba en juego le había puesto más nervioso de lo necesario. Y sobre todo en el final, cuando la gente y los equipos se pueden derretir con la mera consciencia de que el gran sueño, los mil y un viajes y los tropecientos entrenamientos necesarios para llegar hasta allí pueden quedarse en un esfuerzo estéril si no se acierta en un par de jugadas. Pero los jugadores del TAU, comandados por la extraordinaria presencia de su comandante Prigioni, acertaron de pleno en esos dos minutos de extrema tensión. Si bien es cierto que en los últimos años se nos han ido acabando los adjetivos para loar todo lo bueno que ha hecho el TAU, habría que encontrar uno más que hiciese justicia a un triunfo histórico y que lleva por segundo año consecutivo a los vitorianos al exclusivo mundo de la Final a Cuatro. Yo que el Maccabi no estaría muy tranquilo, pero tiempo habrá para analizar lo que viene. Por ahora hay que disfrutar del viaje.