El Correo Digital
Martes, 18 de abril de 2006
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OPINIÓN
CRÍTICA DE TV
Palizas
En castellano, dar una paliza es propinar una buena tanda de golpes o infligir una derrota; también puede ser meter un rollo de campeonato. Y nadie confundiría esa expresión con la de darse el lote, que es dedicarse a las cosas del sexo en público, de forma llamativa pero sin sobrepasar los límites en que alguien finalmente llame a la Policía. La traducción de 'Verónica Mars', una serie de ficción que estrenó La 2 el sábado, era bastante desconcertante, porque confundió la paliza con el lote y, ante la duda, cualquiera habría elegido la segunda posibilidad. Es más, casi nadie habría tenido dudas. Repitieron la expresión incorrecta hasta tres veces. Con un poco más de tenacidad habrían hecho dudar hasta al mismísimo presidente de la Academia, la española. De cualquier forma, el error era bastante más digerible que ese abuso de expresiones como 'mueve tu culo' o 'que te follen' den las películas estadounidenses.

Doblajes aparte, la nueva serie tiene puntos atractivos, pero es bastante liosa y hay que prestarle atención para entenderla, porque si no, en el primer lote de anuncios -en este caso, mejor paliza-, la audiencia corre el peligro de no volver.

Verónica es una joven estudiante y su padre es detective. Viven en un pueblo, Neptune, en el que hay un buen pedazo de malos, entre ellos, un asesino y un pervertido. Luego resultó que eran la misma persona y, además, era feo. Yo no acabo de entenderlo, porque la maldad, que es muy atractiva en la ficción, es muchísimo más atractiva cuando la encarna una persona indiscutiblemente guapa. 'Verónica Mars' es, sobre todo, una serie de jóvenes, con las vacilaciones amorosas propias de la edad, con las drogas sobrevolando casi todo y un buen reparto de preocupaciones según la edad.

Este espacio de ficción no es que sea una maravilla, entiéndame: el padre, como detective, no se acerca ni a kilómetros de Grisson, muchos de los aciertos de la investigación dependen de la fortuna y otros ni se explican. Pero para quien el sábado noche haya decidido ver la tele es un refugio estupendo para preservarse de tanta estulticia.



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