Los funcionarios son las personas más envidiadas y a la vez las más criticadas. Las causas parecen claras: Tienen asegurado el puesto de trabajo en este mundo laboral tan incierto y, a la vez, son diana de las mayores críticas en cuanto a falta de productividad y escaqueo en el trabajo. Dicen que somos uno de los países de Europa de más baja productividad. Quizá los cientos de miles de funcionarios tengan algo que ver. Por supuesto que en todos los sitios se cuecen habas, pero cuando el río suena En una reciente charla entre amigos, en la cual la crítica hacia el funcionariado era compartida masivamente e incluso ratificada con ejemplos por uno de los contertulios, funcionario él, alguien propuso una solución un tanto ingeniosa, que presento para que sirva, por lo menos, como tema de reflexión. La solución consistiría en 'uniformar' a los funcionarios, como lo están los policías, los bomberos ¿Se imaginan ustedes a un uniformado desayunando tranquilamente a primera hora en una cafetería o haciendo la compra a media mañana o resolviendo asuntos bancarios? La cosa cantaría, sin duda. ¿Ah! Y por el precio de los uniformes no habría que preocuparse, seguro que el resto de los currelas aceptaríamos contentos que nos lo carguen a nuestros impuestos. Bueno, es una propuesta. Y pido disculpas a los buenos profesionales, 'que haberlos, haylos'.