Prueba superada. La semana pasada el titular de esta sección era 'Praga pide una hazaña'. Pues como todo el mundo sabe salvo que hayan estado en Sebastopol pasando la Semana Santa, dicho y hecho. El TAU escribió una página grandiosa en su ya dilatado historial, pues pocas veces la empresa resultaba tan complicada. Pero demostró que es un equipo grande, pues cumple, como lo hizo durante la Copa, una condición esencial para poder ser considerado como tal, y no es otra que estar a la altura de las circunstancias. Dicho en cristiano, cuando hay que dar lo máximo, hacerlo. La actuación fue sobresaliente de principio a fin. En el arranque, pues demostró que ni el rival, ni el ambiente adverso ni lo mucho que estaba en juego le había puesto más nervioso de lo necesario. Y sobre todo en el final, cuando la gente y los equipos se pueden derretir con la mera consciencia de que el gran sueño, los mil y un viajes y los tropecientos entrenamientos necesarios para llegar hasta allí pueden quedarse en un esfuerzo estéril si no se acierta en un par de jugadas. Pero los jugadores del TAU, comandados por la extraordinaria presencia de su comandante Prigioni, acertaron de pleno en esos dos minutos de extrema tensión. Si bien es cierto que en los últimos años se nos han ido acabando los adjetivos para loar todo lo bueno que ha hecho el TAU, habría que encontrar uno más que hiciese justicia a un triunfo histórico y que lleva por segundo año consecutivo a los vitorianos al exclusivo mundo de la Final a Cuatro. Yo que el Maccabi no estaría muy tranquilo, pero tiempo habrá para analizar lo que viene. Por ahora hay que disfrutar del viaje.
Algo falla. Finalmente el Barça será el acompañante del TAU. Como le ocurrió al Baskonia, todo se decidió en un minuto. Pero no tuvo ni la mitad de grandeza. La serie entre los eternos rivales fue mala de principio a fin. Me tragué los tres partidos y no pude dejar de pensar que algo está fallando en el camino elegido por buena parte del baloncesto actual. No es de recibo que toda una serie de cuartos de final de la Euroliga concluya sin una actuación individual salvable de las estrellas de ambos equipos. El primer día Williams, el base de los azulgrana, un caballo desbocado y con tendencias chuponas, metió unos triples y se acabó. El segundo, dos secundarios del Madrid, Gelabale y Hamilton, salieron del cascarón y en el tercero, algo de Fucka, el triple decisivo de Basile y poco más. Recuerdo hace años cuando el fútbol entró en un debate sobre la protección de sus jugadores más destacados. Cualquier tuercebotas se pegaba como una lapa, le cosía a patadas y terminaba por anularle. Me da la sensación de que los grandes jugadores de baloncesto están siendo absorbidos por las defensas extremas, las dichosas rotaciones o conceptos equivocados de las trabajos colectivos. Miro la estadísticas de la ACB. El máximo anotador de la liga es el único que llega a 20 puntos por partido. Con 14 puntos por noche, ¿eres el décimo!
Esta ausencia de acciones individuales notables no hace bien al seguimiento, pues al final, el público se agarra e identifica con nombres y apellidos. Además de que el juego pierde brillo, pues los más capacitados para darlo se encuentran semisepultados. El infierno quema. Quedan seis jornadas y 8 equipos comienzan a sentir cerca las llamas del infierno del descenso. Entre ellos el Lagun Aro, cuya vida se complica jornada tras jornada y ya veremos cuando acabe esta semana decisiva. Pero se me ha acabado el espacio. Buena semana.