El Athletic es visto desde fuera como un equipo favorecido por los árbitros. Arrastra el sambenito de club al que los colegiados se han propuesto salvar por su condición de histórico y porque la Federación es presidida por uno de sus ex jugadores, Ángel María Villar. Sin embargo, la temporada transcurre en otra dimensión bien distinta y ha demostrado que esta teoría es una falsedad rotunda.
Clasifiquemos los partidos según el siguiente principio: decisiones que han favorecido y que han perjudicado al Athletic. En el segundo apartado, el repaso arranca en Barcelona, en donde Ronaldinho marcó el empate gracias a un penalti muy discutible de Amorebieta, al punto de que son muchos los que interpretan que se trató de una mano involuntaria. Los azulgrana amarraron más tarde los tres puntos por medio de Messi. Del Sánchez Pizjuán, a principios de marzo, el Athletic tuvo también motivos para volver desolado. Un suave contacto entre Amorebieta y Kanouté fue convertido por el madrileño Rubinos Pérez en una muy discutible pena máxima transformada por Maresca. Tras el empate de Aduriz, Kanouté puso el definitivo 2-1 en un gol en el que los rojiblancos reclamaron fuera de juego, aunque ciertamente había tan poca distancia que puede entrar en la categoría de legal.
Siguiente escándalo con consecuencias, el Manzanares. La memoria y el dolor están tan frescos que no hace falta recordar mucho. Undiano se tragó un penalti y expulsión de Valera sobre Llorente y otro sobre Iraola. La balanza se presenta, por tanto, muy desigual. Tirando a la baja y dando sólo por perjudicado con un punto al Athletic el domingo, el equipo echa de menos tres puntos a costa de graves errores arbitrales.
Si no fuera por la importancia que esos puntos tendrían para el Athletic, prácticamente salvado con ellos, quien plantee la teoría de los favores a los rojiblancos deberían ser el hazmerreír del fútbol español. Un último dato. Los rojiblancos han recibido tres penaltis a favor y cinco en contra. Rivales como el Cádiz (con una diferencia a favor de tres penas máximas) y la Real Sociedad (cuatro) han resultado favorecidos en estas jugadas.
En el primer apartado, de decisiones presuntamente favorables, sólo se puede incluir el partido del Getafe y el penalti que cometió Matellán sobre Yeste. Se puede discutir la jugada con todos los argumentos que a uno se le ocurran (que el contacto fue leve, que Yeste se fue al suelo en cuanto sintió la mano en su espalda), pero lo cierto es que hubo empujón. La única situación de envergadura, en todo caso, que ha favorecido a los rojiblancos esta temporada.
Indignación en la caseta
La impresión generalizada entre los jugadores es ésta, que los arbitrajes les perjudican. Lo proclamó ayer a voz en cuello Fernando Llorente en Lezama. «Me quedé grogui porque recibí un codazo increíble. Me parece lamentable que el árbitro no se atreva a pitar los dos penaltis. En ese partido quedó claro que los colegiados no nos benefician, sino que nos perjudican. Eso no lo podemos permitir. Tiene que cambiar».
Javi Casas abundó poco después en la misma teoría. «Los árbitros nos están perjudicando claramente. Nos han hecho perder unos puntos muy valiosos de cara al final de Liga. Lo hacen lo mejor que pueden, pero en Madrid todo el estadio vio que la falta a Iraola era dentro y nadie sabe por qué motivo la sacó fuera. Algo habrá que hacer. Todos los equipos lloran y están hablando de que si les perjudican, de que no les hacen nada. Por lo menos que se sepa que a nosotros no nos benefician, más bien al contrario».
En medio de la indignación general llama la atención la pasividad con la que Javier Clemente se ha tomado el asunto. El entrenador se ha conformado con señalar lo obvio. «Se ha visto que los árbitros no nos benefician», se limitó a decir tras el partido, lo que viene a ser tanto como decir que hoy es martes. Es llamativo que el mismo entrenador que no tiene inconveniente en arremeter con extremada dureza contra algunos de sus antecesores en el cargo y los medios de comunicación opte por la diplomacia vienesa para referirse a un asunto que perjudica gravemente al club.
La junta directiva también guarda silencio, aunque esta actitud sea más comprensible, sobre todo si se tiene en cuenta que por debajo ha expresado su malestar a los dirigentes de la Federación Española.