La eliminatoria ante el Milan tiene tiene tal carga simbólica para el Barça que los jugadores harán bien en olvidar todo lo que saben para no quedar paralizados esta noche en San Siro. El club azulgrana está ante el ineludible examen histórico que debe pasar cualquier equipo para entrar en una dimensión muy especial del fútbol: marcar una época. El Barça es sobre el papel el mejor equipo de Europa y quizá lo siga siendo algún año más, pero necesita el certificado. Y se consigue superando la leyenda, venciendo los fantasmas.
En este caso, se llama final de Atenas de 1994, la Copa de Europa que el 'dream team' de Cruyff perdió contra el Milan por 4-0. Ganar al Chelsea que el año pasado le eliminó de la Copa de Europa era para el Barça el primer paso, un ajuste de cuentas personal, pero lo de hoy entra en el terreno de la épica. En términos caballerescos, algo así como matar al que mató a tu padre. Que Rijkaard y Ancelotti, compañeros de aquel Milan maravilloso, estén en el banquillo no hace más que enriquecer las connotaciones. Por no hablar de Maldini y Costacurta, que con 37 y 39 años, respectivamente, todavía juegan en el equipo.
El Milan que encontrará el Barcelona ya no es tan deslumbrante como en los últimos cuatro años, ni como en sus inicios de temporada. Sin embargo, está cuajando un gran final de liga. En 11 jornadas ha recortado nueve puntos al Juventus y aunque sólo queden cuatro partidos está a cinco puntos y se puede permitir el sueño de pensar en el 'scudetto'. El Milan es un bloque muy consolidado, con gran repertorio de figuras, que puede jugar divinamente y ganar por oficio. Como en el derbi de la semana pasada con el Inter, un 1-0 inmerecido, o la misma eliminatoria con el Olympique de Lyon, con clasificación sufrida y milagrosa.
Equilibrio
Su plantilla equilibra a partes iguales el carácter y el talento. Hay sobrados motivos para dudar de la técnica de hombres como Gattuso e Inzaghi, pero tenerlos en el campo es una garantía. Gattuso es un sardo menudo, simpático y humilde que en el centro del campo se transforma en una especie de 'troll' al que han dado la orden de que no pase nadie. En este caso, Ronaldinho. Inzaghi es uno de esos raros delanteros incapaces de hacer un gol normal, pero infalibles en marcarlos con cualquier parte del cuerpo y en los momentos de mayor desesperación. Últimamente está sembrado, pero para fortuna del Barcelona tiene anginas y no jugará esta noche. Del lado de la elegancia está Kaká, un poco irregular pero genial, y el auténtico cerebro del equipo, Pirlo. La defensa del Milan es un portento de clase, con Nesta, siempre magnífico, en el centro, y la confirmación de Kaladze. Por último, el ataque es Shevchenko, demoledor 'pichichi' de la Liga de Campeones, con nueve goles. A su lado Gilardino es temible, pero este año no anda fino. El punto débil del Milan en este momento es Dida, que de improviso ha comenzado a hacer verdaderas pifias.
Este equipo ha llegado a dos finales europeas en tres años -ganó la de 2003 al Juventus- y tiene su propio fantasma, olvidar la increíble derrota del año pasado ante el Liverpool. El Milan tiene estas cosas, repentinos desfallecimientos de pánico, como bien sabe el Deportivo, que tras perder 4-1 le hizo un 4-0 en La Coruña y pasó a semifinales en 2004. Los 'rossoneri' se cruzan con el Barça en un momento decisivo para ambos en el que uno de los dos sobra: el equipo italiano debe confirmar si su ciclo sigue y el español desea inaugurar su reinado.