El Correo Digital
Martes, 18 de abril de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Presidente consolidado
Ayer se cumplieron dos años de la investidura del presidente Rodríguez Zapatero, aniversario al que ha llegado el jefe del Ejecutivo en un momento dulce después de superar el ecuador de la legislatura con un balance económico positivo, de rebajar la tensión provocada por la reforma del Estatuto de Cataluña y de abrir expectativas realistas de que el terrorismo de ETA puede desaparecer tras la declaración del «alto el fuego permanente». En estos dos años las incógnitas sobre la capacidad del presidente salido de las urnas el 14 de marzo de 2004 tanto en relación a la gestión política como al control sobre el conjunto del PSOE se han ido despejando al tiempo que ha consolidado su poder. Lejos de la imagen de fragilidad que se le atribuyó en los primeros meses, Zapatero se ha mostrado como un político correoso y decidido.

Constatada la estabilización personal del jefe del Ejecutivo, la valoración de su ejecutoria plantea claroscuros. El Gobierno ha ido cumpliendo buena parte de sus promesas electorales con la retirada de las tropas de Irak como referente emblemático, y centrando sus esfuerzos en desmontar algunos de los proyectos más señalados de la anterior Administración como la Ley de Calidad de Educación o el Plan Hidrológico, mientras se esforzaba en activar importantes regulaciones legales sobre el maltrato doméstico, el matrimonio entre personas del mismo sexo o la reducción de plazos para el divorcio. En el ámbito institucional, el desarrollo de los dos grandes asuntos de la legislatura, la reforma territorial y el llamado 'proceso de paz' del País Vasco, está sujeto aún a serias incógnitas en su desenlace final. Está por ver que el 'modelo catalán' sea un precedente funcional que permita un desarrollo armónico del Estado de las Autonomías y un equilibrio cabal entre el papel del Estado y el de las comunidades. En cuanto a ETA, se mantienen aún razones para el escepticismo.

Y suscita grave preocupación que la mayoría política y el principal partido de la oposición hayan roto todos los pactos de Estado, con la salvedad de un consenso antiterrorista aparentemente recuperado a raíz del 'alto el fuego' etarra. Ni siquiera es imaginable el acuerdo para llevar a cabo una reforma constitucional sobre asuntos que la hacen aconsejable (como la reforma de la línea sucesoria de la Corona). El PSOE en el poder ha culminado su relevo generacional y superado la crisis provocada por el final desordenado de la etapa González. Pero los dos años que restan de legislatura serán decisivos para confirmar que la tarea del equipo de Zapatero no sólo responde a necesidades coyunturales de respaldo parlamentario a su exigua mayoría sino que engarza con una línea de gestión beneficiosa para el conjunto de los intereses de España y su futuro.



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