El Correo Digital
Martes, 18 de abril de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Inseguridad vial
Los malos augurios del director general de Tráfico sobre un alto número de víctimas mortales en las carreteras durante la Semana Santa se han cumplido, a falta de los datos finales de las comunidades donde anoche culminó el retorno. ¿Se podía esperar un balance diferente? Difícilmente, a la vista de la alta curva de siniestralidad que registran nuestras carreteras desde hace años sin que ni campañas de televisión ni la amenaza de mano dura con los conductores logre que España pueda dejar de alinearse en el furgón de cola de la seguridad vial en la Unión Europea. Cada estadística sobre desplazamientos masivos de vehículos en fechas vacacionales se relaciona con la previa campaña publicitaria de Tráfico, siempre preventiva. La que ha precedido a los diecisiete millones de traslados de esta Semana Santa ha llamado la atención por un contenido que, más allá de las imágenes impactantes de otras ocasiones, lanzaba un mensaje tremendista sobre el riesgo cierto de muerte. La eficacia de este tipo de iniciativas no se puede calibrar de forma inmediata, aunque no se le adivina gran alcance a la vista de la tenacidad del goteo mortal.

El terrible balance de estas recientes jornadas vacacionales convive con una tendencia ligeramente descendente en número de accidentes y de víctimas -especialmente apreciable en comunidades como el País Vasco- desde hace más de un año. El Gobierno aspira a consolidarla con la implantación de medidas como el carné por puntos a partir de julio, tras contrastarse su eficacia en otros países de la UE. La combinación de iniciativas que persigan conductas intolerables al volante (conducir tras haber consumido alcohol, a velocidad inadecuada, sin cinturón) con políticas efectivas de educación vial que impliquen a Administración central, comunidades autónomas y colectivos de expertos debe conformar una apuesta sólida que comprometa a toda la sociedad en la seguridad vial.



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