DE CUANDO EN CUANDO OLMO Hoy el «pasti» (abreviatura de pastillero o vendedor de pastillas) es otro de los personajes populares del Bilbao de ayer que han pasado a la historia en el Bilbao de hoy. En el Bilbao de hoy, las pastillas de café y leche han sido sustituidas por cubos de palomitas de maíz. Cada tiempo tiene sus costumbres, que en general vienen impuestas por la dichosa sociedad de consumo.
Digo lo de la sociedad de consumo no por utilizar un tópico al uso, sino por haber leído en algún sitio que buena parte de los beneficios económicos de los cines provienen hoy de la venta de esas palomitas de maíz que los clientes consumen no sólo en bolsitas sino también en baldes de plástico, porque al parecer la juventud de hoy en día no puede ver una película con las mandíbulas en reposo.
El problema «laboral» surgió cuando los cines, por lo visto, se encontraron con déficit de vendedores. A pesar de poner anuncios en el periódico no encontraban «pastis» y al bueno de Claudio, que siempre tuvo ideas originales, se le ocurrió añadir al anuncio un incentivo. El anuncio decía así: «Necesito vendedores de pastillas dejando chupar». Y, según leo en la carta, éste fue uno de los motivos que terminaron con el popular gremio de los «pastis» y su famoso pregón «Passti...llas de café y leche...» ¿Lo recuerdan, amigos veteranos? (y veteranas, claro).
Los lectores veteranos que iban al cine allá por los años cuarenta o cincuenta (las fechas se me han ido un poco de la memoria) recordarán aquel servicio que se ofrecía en el patio de butacas para que los espectadores pudieran ver la película degustando caramelos y, sobre todo, las ricas pastillas de café y leche de la popular viuda de Solano de Logroño. Lo que no me aclara Claudio es si los «pastis» se acabaron por falta de vendedores o porque ellos mismos se comían la mercancía.Quizá por ambas cosas.