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Miércoles, 19 de abril de 2006
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VIZCAYA
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Expertos reclaman mayor protección para el patrimonio industrial vizcaíno
Alertan del grave riesgo de desaparición que corren «edificios únicos»
Expertos reclaman mayor protección para el patrimonio industrial vizcaíno
OLVIDO. La estación de bombeo de Elorrieta es la gran preocupación de los expertos. / FERNANDO GÓMEZ
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PIEZAS EN PELIGRO
Bombeo de Elorrieta: De finales del siglo XIX, mantiene recuperables el depósito, parte de la maquinaria y los edificios que la acogen.

Fábrica de harinas Molinos Vascos: Situada en un singular edificio que alberga silos de hormigón y una cubierta de estilo neovasco.

Sefanitro: Destacan las torres de enfriamiento y las naves de almacenamiento de Lutxana.

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Vizcaya pierde poco a poco el recuerdo de su pasado obrero. El implacable proceso de transformación que experimenta el territorio amenaza los escasos restos fabriles que han perdurado en el tiempo. Edificios y mecanismos únicos, forjados a lo largo de todo un siglo, «se encuentran en grave riesgo de desaparición y podrían seguir el camino de elementos que ya no existen», según alertaron ayer varios expertos con motivo del Día Internacional del Patrimonio, dedicado este año al sector industrial.

La estación de bombeo de Elorrieta, símbolo de la primera red de saneamiento del agua que se construyó en España, constituye una de las principales preocupaciones actuales de los especialistas, aunque no la única. «También la fábrica de harinas de Molinos Vascos, ubicada en Zorroza, tiene un gran valor histórico, pero no hay todavía un proyecto para recuperarla», advierte el integrante de la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial (AVPI) Joaquín Cárcamo.

La puesta en marcha del futuro museo vasco de la técnica es otra de las reclamaciones históricas de los expertos en patrimonio fabril. «El Gobierno vasco decidió no abrirlo en Barakaldo y trasladó todos los materiales a la zona de Zorrozaurre, pero no termina de dar luz verde al proyecto», denuncia Cárcamo. La agrupación se adelanta incluso al futuro y solicita protección para los elementos más valiosos de la fábrica Sefanitro «si finalmente se desmantela su planta del barrio de Lutxana».

El objetivo principal de la AVPI es evitar que se cometan nuevos errores como los recientes derribos de la central eléctrica y el depósito de aguas de Santa Ana, en Bolueta, la estación térmica de Burtzeña o la cervecera de Basurto. «También hemos perdido para siempre la casa de bombas de los diques secos de Euskalduna, un horno alto en Sestao y varios cargaderos de mineral a lo largo de toda la ría», detalla Cárcamo, para quien muchas demoliciones se han realizado «de forma sistemática e indiscriminada, sin valorar la riqueza de los restos industriales».

«Devolver la utilidad»

Por fortuna, no todo han sido desdichas respecto al patrimonio fabril vizcaíno. Así, restauraciones como la del pabellón Ilgner de Barakaldo, antiguo edificio de la central eléctrica de Altos Hornos de Vizcaya, han merecido el elogio de los especialistas. «Se ha rehabilitado el inmueble respetando sus elementos básicos y ubicando en él nuevas actividades», explica Joaquín Cárcamo, quien considera fundamental «devolver la utilidad a todo aquello que se conserve».

La restauración del edificio de El Tigre, en el barrio bilbaíno de Deusto, como bloque de viviendas y la próxima apertura del museo de boinas La Encartada, en Balmaseda, son ejemplo también de buenas actuaciones «por parte de la iniciativa privada y de las instituciones».

Además, la futura declaración del Puente Colgante como patrimonio de la humanidad reconocerá mundialmente el valor del máximo exponente del patrimonio industrial vizcaíno.



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