«Leer es vivir». Tiene muy claro Sergio Pitol (Puebla, 1933) que si hoy está vivo y ha alcanzado la cima de las letras hispanas es gracias a la lectura. A los libros de Julio Verne, Jack London o Robert Louis Stevenson que fueron tabla de salvación para una criatura huérfana de padre y madre a los cuatro años y que entre los seis y los doce guardó cama debido a una terrible malaria.
«Estuve al cuidado de mi abuela, lectora de sol a sol y habitante de una casa llena de libros; ella me facilitó las lecturas que me dieron la vida», agradece el maduro y laureado escritor, que hoy admite sentirse «muy bien entre los raros». «Gran parte de mis lecturas han sido de autores excéntricos, bien de las letras sajonas, bien de las hispanas», y por eso, dice «estoy acostumbrado a ser un raro, a escribir de raros y a ser tenido por extraño y distinto», concede.
Cumplidos los 73, se resigna feliz a la rareza que ha cultivado y se apresta a recoger de manos del rey Juan Carlos el premio Cervantes, el galardón mayor de las letras hispanas y que recibieron antes otros dos compatriotas, Carlos Fuentes y Octavio Paz. Será a mediodía de mañan en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, y en presencia del presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero.
Los recuerdos de su difícil infancia marcada por la enfermedad y la pérdida, el elogio a sus maestros -exiliados republicanos españoles- la celebración de la libertad creadora de Miguel de Cervantes y evocaciones de Benito Pérez Galdós -«el otro Cervantes»- serán los pilares que sustenten el discurso de Sergio Pitol.
Un mar de dudas
«El discurso me ha resultado dificilísimo de escribir», reconocía este miércoles el autor del 'Vals de Mefisto' en un encuentro con informadores junto a la ministra de Cultura, Carmen Calvo. «Estaba bloqueado. Dejé el principio para el final y me sumí en un mar de dudas. No me desatasqué hasta decidir qué parte esencial de mis palabras tendrían que relatar una niñez en la que vivir era leer y rendir homenaje a mis maestros».
Unos maestros para los que se deshizo en elogios y entre los que hubo muchos republicanos españoles acogidos en el generoso México de Lázaro Cárdenas. Entre ellos, recordó con especial cariño al «socrático Martínez de Pedrosa, miembro de una familia aristocrática, rector en la universidad de Sevilla y último embajador español en Moscú». «Sin el exilo español mi obra no hubiera sido la misma. Aquellos maestros me abrieron ventanas al mundo», reconocía agradecido, evocando a Max Aub, León Felipe, Manuel Altolaguirre, María Zambrano o José Bergamín.
Un mundo al que Pitol se lanzó con ganas tras superar la enfermedad. Viajó primero por su país, luego por EE UU y finalmente por Europa, donde pasó casi 30 años. Dos de ellos en España, en una Barcelona de la que guarda gratos recuerdos y en la que trabajó para varias editoriales. Moscú, Budapest, París, Pekín, Roma, Belgrado o Varsovia, fueron también ciudades de acogida para Pitol.
Novela de novelas
«Me he pasado la vida mezclando géneros e historias aparentemente inconexas sin saber muy bien por qué, pero estos días me he dado cuenta de que eso es 'El Quijote', una mezcla genial de historias y géneros, una novela que encierra muchas novelas, que lo mezcla todo y constituye una gran ejercicio de libertad», reflexionaba en voz alta el autor de 'El arte de la fuga'.
A ese grandioso ejercicio de libertad rendirá Pitol homenaje en su alocución, junto a otro autor que para muchos es heredero de Cervantes y «al que se quiso condenar al olvido: El Benito Pérez Galdós que nos descubrieron los exiliados españoles en México y al que dedicaron extraordinarios elogios Cernuda, Zambrano o Bergamín».
Pitol cuenta que «la literatura española del XIX estaba muy denostada en México hasta que los refugiados españoles la reivindicaron, demostrándonos que Galdós era una suerte de segundo Cervantes». «Gracias a ellos empezamos a leerlo y a descubrir un filón de genialiad inagotable», se felicitaba Pitol recordando con sorna cómo «cuando llegué a España hablar de Galdós era poco menos que un sacrilegio o una broma» y cómo «Octavio Paz dedicó a Galdós el grueso de su discurso de agradecimiento del Cervantes».