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Jueves, 20 de abril de 2006
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«Soy un tío solitario»
Ricky Martin presenta en Madrid su gira europea y asegura haber hallado su misión en la vida: «Unir a los continentes con la música»
«Soy un tío solitario»
DE GIRA. El portorriqueño derrochó simpatía en Madrid. / AFP
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Ricky Martin tiene ahora un interesante punto zen. Parece que se ha trabajado en los últimos años la búsqueda íntima de su ser, sin despreciar a los de afuera, y ha encontrado lo que escudriñaba. Incluso, en un tono no exento de espiritualidad, cree haber hallado su cometido en la vida. Lo dijo, sereno y seguro, sin hálito alguno de superioridad, en la masiva rueda de prensa que convocó ayer en Madrid para presentar su última gira europea -'Una noche con Ricky Martin, Tour 2006'-, que inicia mañana en la ciudad inglesa de Manchester: «Serán conciertos muy íntimos, más orgánicos y globales; mi misión ahora es unir a los continentes con la música».

El cantante puertorriqueño está y se percibe cambiado. Ha revivido. «Renacido», dice él. Exhala simpatía natural, sigue provocando el delirio entre las féminas, pero no le va nada incordiar con su apetecible aspecto físico. No va de divo. En España estuvo cinco horas. «Mi último disco tiene influencias asiáticas, andaluzas, latinas. Quiero que en mis conciertos se viva un carnaval. Necesitaba volver al comienzo, porque ya volé muy alto. He vivido una década con mucha adrenalina y euforia, pero me hacía falta un tiempo de silencio, de canalizar emociones. En definitiva: conocer dónde estuve y dónde quería ir».

España volverá a ser uno de sus ansiados puertos musicales. Se volcará de lleno con el público español durante los cuatro conciertos que tiene programados para el próximo mes de mayo: Barcelona (día 9), Valencia (11), Murcia (12) y Madrid (14). Se nota que en los últimos tiempos ha reflexionado sobremanera -«me he dado cuenta de que soy un tío bastante solitario»-, pero no rezuma sobrecarga de profundidad filosófica. De hecho, no ha perdido sus extasiantes contoneos de cadera -como demostró en su comparecencia informativa-, apuesta cada día más por la fusión musical y sigue dando la imagen de tipo legal, guapo y seductor, pero sin estar 'sobrao'.

Apareció con vestimenta informal -vaqueros rasgados, camiseta marcando músculo, chaqueta negra y botas-, perilla-barba de cuatro días, bronceado y sonrisa abierta. Admitió ser un «mochilero» y que cuando le da el punto se afeita la cabeza; dejó entrever que se está currando algunas modificaciones en su yo más íntimo: «Dentro de mí hay un terco perfeccionista que se aferra, pero lo que quiero ahora es consentirme». Practica un yoga 'pasivo', pasa de hablar de sexo y practica la capoeira, el baile-arte marcial brasileño que «me relaja y libera».

Martin no va de predicador -«reflejo la espiritualidad en las letras de mis canciones para compartir lo que a mí me funciona»-, se admite vulnerable, «aunque ya no me afecta», y cuida en lo posible su autoestima; eso sí, reseña que «ya no trato de probar nada a nadie». «No me obsesiono por ser aceptado». En definitiva, parece un buen tipo.



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