DE CUANDO EN CUANDO OLMO Entre las cartas recibidas durante mis vacaciones, me encuentro con la de Ángel Neila, el autor del libro biográfico que recoge la vida y hazañas del legendario ciclista montañés Vicente Trueba Pérez.
Ángel me da las gracias por los elogiosos comentarios que hice del libro, pero no me tiene que agradecer nada porque para mí su lectura fue como volver a disfrutar de mi infancia, cuando a los doce años seguía con emoción las aventuras de aquel ciclista que nos encandilaba con sus hazañas en la Vuelta a Francia.
Aprovechando este recuerdo, he consultado la clasificación que el periódico deportivo francés 'L´Equipe' hizo de los cien mejores ciclistas de la historia del Tour, una lista que en mi humilde opinión no es del todo acertada. En primer lugar, porque coloca a Induráin en un puesto séptimo detrás de corredores con menos mérito que el navarro.
Lo que más me sorprende en esa lista es ver a Vicente Trueba colocado en el puesto 84. Quizá los clasificadores atendieron sólo a los resultados porque Trueba no ganó ningún 'tour' y su máximo logro fue quedar el sexto en la clasificación general y ganar el premio de la montaña.
Pero si tenemos en cuenta las circunstancias en las que corrió aquel hombre (que medía poco mas de metro y medio y pesaba 56 kilos) creo que su puesto está mucho más arriba. Porque Trueba acudió a la Vuelta a Francia el solito, con su bicicleta al hombro y un par de tubulares de repuesto para arreglarse los pinchazos. Él solo sin equipo, sin director, sin masajista, sin mecánico y sin nada.
Sus rivales, al verle solo y con aquel tamaño, se lo tomaron a broma hasta que 'Vicentuco' comenzó a dejarlos atrás, y en la famosa vuelta del año 1932 se coronó como indiscutible rey de la montaña asombrando a todos a la hora de trepar y manteniendo el tipo en los descensos y en el llano frente a los potentes equipos nacionales de Bélgica, Italia y Francia.
Trueba ocupa el puesto 84 entre los cien mejores ciclistas del Tour, pero si barajamos resultados y dificultades creo que merece un puesto mucho más honroso. Y estoy seguro que esta misma opinión la comparte mi comunicante, su biógrafo Ángel Neila.