El Correo Digital
Domingo, 23 de abril de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
La prevención es posible
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) afirma: «Mueren más personas en el trabajo que en las guerras». Algo así debería, cuanto menos, provocar una reacción sindical, social e institucional a nivel internacional que sirviera para reducir drásticamente esta sangría y no dejar que tantas muertes sean aceptadas como resultado de un fatalismo inevitable.

Cada año 2,2 millones de personas pierdan la vida en el trabajo y se generan 160 millones de nuevas enfermedades profesionales. Esto no es fruto de la casualidad ni de la mala suerte; tiene causas y responsables: la ausencia de prevención empresarial. Euskadi tampoco es diferente en eso. La siniestralidad no disminuye. Las cifras de muertos e inválidos demuestran la insumisión empresarial para con sus obligaciones preventivas, la complicidad de las mutuas o servicios de pevención ajena, la pasividad del Gobierno vasco, del central y la insuficiente acción de los trabajadores y trabajadoras en las empresas y en sus convenios para dar una respuesta a esta situación.

En muchas empresas, la prevención de los accidentes se traduce en un puro trámite. Un papel para justificarse ante las visitas de la Inspección de Trabajo u Osalan, eludiendo así la prevención de riesgos higiénicos, ergonómicos y psicosociales. No integrando una vigilancia especifica de la salud a sus trabajadores y desviando lesiones y enfermedades a Osakidetza para tratarlas como comunes, cuando estas enfermedades laborales generan más sufrimiento y pérdida de días de trabajo que los accidentes. Porque la siniestralidad es la punta del iceberg de los daños a la salud en el trabajo. El crecimiento exponencial de las enfermedades profesionales en las estadísticas es resultado de la acción de CC OO por hacerlas visibles, aun representando todavía un pequeño porcentaje de las que se generan por las insalubres condiciones de trabajo. Así lo demuestra la experiencia de nuestro sindicato en el caso de las sorderas profesionales, alergias, asma, irritaciones tóxicas, lesiones musculoesqueléticas, estrés, cánceres y enfermedades respiratorias derivadas del amianto. CC OO ha sacado a la luz en Euskadi numerosos déficits preventivos de las empresas, generando una cultura reivindicativa en defensa de la salud y de mejora de prestaciones económicas a los afectados.

Para más de un ingenuo, el problema está en el listado de enfermedades profesionales, incluido el que aprobará próximamente el Gobierno. Pero, aunque un amplio listado será positivo, sin la acción sindical y sanitaria especifica en su visualización no servirá de nada. Muchas enfermedades seguirán siendo ocultadas por mutuas y servicios de prevención, para exculpar al empresario y justificar sus chapuzas preventivas.

La experiencia ha demostrado que siniestralidad y daños a la salud son inversamente proporcionales a presencia y acción sindical en las empresas. La participación activa de los trabajadores y trabajadoras y de los delegados de prevención es garantía de calidad preventiva. La implicación es sinónimo de mejora continua. Por eso, sólo desde esta falta de implicación se comprende el rechazo del sindicato de José Elorrieta a la creación de la figura del delegado de Prevención Sectorial en la Construcción o en aquellas microempresas donde ni existe posibilidad de elegir representación sindical. ¿Por qué ELA delega la protección de la salud en los inspectores de Trabajo y técnicos de Osalan, mientras defiende otros objetivos sindicales? Es evidente, el sindicalismo necesita impulsar la participación de los trabajadores con nuevos instrumentos en las cada vez más numerosas microempresas o centros de trabajo multi-empresas, curiosamente, donde más siniestralidad existe.

Acabar con esta sangría de accidentes exige una movilizaciónm permanentemente obstaculizada por una injustificable división sindical que, de mantenerse, puede frustrar muchas de las expectativas abiertas en esta nueva coyuntura política. Sin avances sociales, los neoliberales vascos saldrán fortalecidos En Ahotsak han dado ejemplo, reivindicando el papel de las mujeres en el proceso político. La defensa de la salud de los trabajadores y trabajadoras es el marco idóneo para la superación de una nefasta división sindical. El 28 de abril, Día Internacional de la Salud y la Seguridad en el trabajo, es una oportunidad para remover las conciencias, recordar a las víctimas del trabajo insalubre, especialmente a las silenciadas víctimas del amianto, reforzando la lucha por la salud laboral, ambiental y el sindicalismo confederal. Reconocer y visualizar a las víctimas se ha convertido en una de las mejores herramientas para mejorar las condiciones de trabajo. Con la implicación de todos y todas podemos y debemos reducir tanto sufrimiento, porque la verdadera prevención es posible.



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