«Es como el Guggenheim de Elantxobe, una de nuestras señas de identidad», así definen los vecinos de este pequeño pueblo costero la plataforma giratoria que facilita la maniobra de salida del Bizkaibus, en la intrincada localidad. Y es que quince años después de su construcción, este mecanismo con forma de circunferencia se ha convertido en uno de los atractivos turísticos del municipio. «Nos visitan de todas partes preguntando por el disco giratorio. La gente espera muchos minutos hasta que llega un autocar y activa el dispositivo. Todos quieren inmortalizar el momento. Para ellos es un espectáculo», relata, emocionado, el jubilado José Antonio Gandarias.
El proyecto se puso en marcha en 1991, cuando la Diputación encargó al arquitecto Manuel Salinas el diseño de una estructura que permitiera el giro de las unidades de Bizkaibus. La complicada orografía de Elantxobe, con calles estrechas y una plaza principal de dimensiones reducidas, obligaba a los chóferes a salir marcha atrás durante más de un kilómetro, hasta el término municipal de Ibarrangelu, donde efectuaban el giro.
«Esta delicada situación se repite, en ocasiones, cuando hay algún vehículo mal aparcado o se va la luz y no funciona el disco. No hay más remedio que salir marcha atrás. La maniobra retrasa mucho la línea y acabas sudando la gota gorda», aseguraba esta semana Aitor Lasgoitia, conductor que lleva nueve años en la compañía.
Para evitar este contratiempo y garantizar el servicio hasta el municipio se ideó la plataforma giratoria. «Antiguamente no existió este problema porque la compañía Vascongadas, que funcionaba en la zona, disponía de un garaje junto a la plaza, donde daba la vuelta. Ahora, es imposible, porque existe un bloque de pisos y los vehículos son más largos», explican los más ancianos.
La construcción de este ingenioso mecanismo costó 72.000 euros. Durante los primeros meses, el sistema dio problemas y, posteriormente, se modificó por un método eléctrico. La plataforma dispone en su interior de dieciséis ruedas de acero, que discurren sobre un raíl. Cuatro ruedas neumáticas hacen girar el mecanismo. Junto a la plataforma se encuentra un armario revestido de piedra, en cuyo interior se halla un motor eléctrico que, accionado a partir de un mando a distancia, hace girar el dispositivo. «Todos los chóferes tienen un mando y el Ayuntamiento, otro por si un autocar de excursionistas tiene que salir de la localidad», señalaron fuentes municipales.
«Merece la pena verlo»
Hace seis años el singular ingenio fue restaurado. La institución foral invirtió 30.000 euros en instalar un sistema hidráulico adicional, reforzar la estructura y el pavimento. «Es original porque no he visto ningún pueblo con una instalación similar. Varios amigos, que sabían que veníamos a Bilbao, nos animaron a acercarnos y, desde luego, merece la pena esperar al autobús para ver cómo funciona», afirmó una pareja de turistas valencianos.
Los más mayores relatan anécdotas divertidas. «La más curiosa fue aquel día en el que el sistema falló justo al iniciar el giro y al ver que el autobús no iba ni para adelante ni para atrás, los viajeros se bajaron y empujaron hasta dejar el vehículo encabezado hacía la salida. Fue una imagen muy peculiar», relató risueño un vecino conocido con el apodo de 'Pipi'.