Spencer Tunick madrugó ayer para montar una de sus famosas instalaciones en San Sebastián, es decir, una composición fotográfica de cientos de desnudos que se puso en marcha antes de las ocho de la mañana. Lástima que el mal humor y peores modales del fotógrafo neoyorquino empañaran la espectacularidad del acto. El lamentable comportamiento del artista estadounidense estuvo a punto de provocar una 'espantada' de los periodistas que se acercaron al palacio Kursaal para seguir de cerca su trabajo.
Por la mañana, tocó esperar. Pasaron dos horas y media hasta que se pudo contemplar la primera 'creación' de Tunick. Muchos bollos y mucho café para matar el tiempo. «El maestro está trabajando», se excusaba la organización. Finalmente, el semáforo se puso en verde y alguien avisó: «Ya pueden subir». La 'instalación temporal' se acomodó en el vestíbulo del Kursaal al que acudieron, según fuentes oficiales, 1.200 personas. La cifra superó con creces las estimaciones que hablaban de 300 voluntarios dispuestos a poner sus cuerpos al servicio del arte. Había jóvenes, ancianos, niños... negros, blancos, mulatos... hombres y mujeres, algunad de éstas embarazadas. Lo único que falló fueron los modos del fotógrafo.
«Fuera, fuera, que estoy trabajando», espetaba malhumorado a más de un centenar de periodistas, de casi 80 medios de comunicación, que habían sido debidamente acreditados. La situación, con el tiempo, se volvió insostenible y los informadores amenazaron con plantarse. Los miembros de la organización, impecables, intentaron reconducir la situación mientras, de lejos, se escuchaba la voz del fotógrafo que daba instrucciones a los modelos, traducidas por un rubio irlandés que se desgañitaba megáfono en mano: «De espaldas, ahora de frente, ustedes tumbados, tumbados por favor...».
Los modelos de Tunick recibieron a los periodistas con una sonora pitada que desgarraba los oídos. Se escucharon cánticos de «fuera, fuera» y en seguida se puso oficio a las madres de los informadores. Luego se supo que el fotógrafo neoyorquino les había contado que la prensa venía a «provocar». Quizás, simplemente, ayer no era su día. ¿Cómo se solucionó todo? Con otro desnudo. Dos reporteros del programa satírico 'Caiga Quien Caiga' se quitaron la ropa y saludaron a la masa que gritaba a pulmón partido «¿la prensa en pelotas!». Los silbidos se tornaron aplausos y la tranquilidad volvió al auditorio donostiarra. La organización pidió disculpas por lo ocurrido. Spencer Tunick, no.
Pero los verdaderos protagonistas de la historia fueron más de un millar de modelos que se desnudaron en una San Sebastián pasada por agua. La cita era a las siete y media de la mañana y los voluntarios llegaron puntuales, en silencio, con lo puesto. No era una reunión de etiqueta, así que hubo un desfile de vaqueros, jerseys, camisas, camisetas de manga corta, larga, zapatillas y zapatos. Los chicos acudían en pequeños grupos, charlando, y se podían oír las risas generadas por la adrenalina. «Es algo único, una oportunidad magnífica para exteriorizar nuestra rebeldía», explicaba Ascen de Cima, una vitoriana de 51 años que abogaba por «romper con los patrones de conducta establecidos».
«¿Ojos cerrados!»
Vascos en cueros. Los hubo ayer en San Sebastián, y eso que el tiempo no acompañó. También se apuntaron brasileños, argentinos, franceses, holandeses... El mercurio se estiraba desde los 9 hasta los 12 grados y la lluvia amenazaba con aguar la fiesta. Pero el cielo aguantó. Asier de la Fuente, de 29 años, y su novia, Lorena Moutinho, de 27, llegaron de Bilbao para formar parte de una «propuesta interesante». «Nos animamos porque se trata de un acto artístico que revienta los clichés establecidos. No podíamos perdérnoslo».
Tunick, artista visual y adorador de las instalaciones conceptuales hechas de carne, actuaba como un general, dando órdenes a su equipo para lograr la perfección deseada. Después de hacer varias instantáneas desde dos ángulos diferentes en el vestíbulo del Kursaal -la gente posaba tumbada, de frente, de espaldas y de perfil-, el fotógrafo invitó a quien se atreviera a pisar la arena de la Zurriola. Muchos prefirieron marcharse por las inclemencias climatológicas. Algunos tiritaban de frío. Aun así, centenares de valientes desafiaron al mal tiempo y posaron para un Tunick «encantado» con la forma de ser de los vascos. «Están muy juntos, muy juntos, sepárense. Y ahora, cierren los ojos. ¿Ojos cerrados! Al suelo, la cabeza en el suelo, en la arena, quietos». Disparo. La foto está hecha. Aplausos.
En la playa, Tunick realizó también unas fotografías de parejas en actitud erótica -se besaban y abrazaban junto al espigón del arenal donostiarra-, decisión que quiebra su línea argumental consistente en defender durante años la «asexualidad» de su obra. Después de casi seis horas de trabajo, el espectáculo llegaba a su fin. Era más de la una de la tarde. Los voluntarios se fueron «encantados con la experiencia», al igual que Tunick, que prometió volver. Eso sí, en plan majo.