Springsteen ha contado hasta la saciedad que vio la luz del rock and roll al toparse de bruces con un tal Elvis en un programa de televisión. Incluso, unos cuantos años después de aquella visión, Bruce, en compañía de su guitarrista Little Steven Van Zandt (el de 'Los Soprano'), intentó saltar la valla de 'Graceland', la mansión del Rey del Rock. Sin éxito, recordemos. Pero que se sepa, entre su larga lista de músicos favoritos están también Roy Orbison, las Ronettes, Hank Williams, los Beatles, los Beach Boys, la Creedence, Dylan, Van Morrison Y, por supuesto, los dos grandes popes del folk norteamericano, Woody Guthrie (como Dylan) y Pete Seeger (también como Dylan, aunque alguna vez se las vieron tiesas -Pete y Bob-, por lo de la electricidad).
La huella del folk tradicional es apreciable en varias de sus composiciones (como 'Pony Boy', una tonada tradicional que incluyó en 'Human Touch') y en sus versiones acústicas de 'Born to run' y 'No surrender'. Y su última gira lo dejó del todo claro por si quedaban dudas. Bruce había vuelto a los orígenes y había hundido las botas de piel de serpiente en la corriente de la música popular de la Unión. De remate, por si aún quedaba algún escéptico, este próximo martes dará fe pública de sus ideas con 'We shall overcome. The Seeger sessions', álbum en el que ejerce de letrista y compositor el bisabuelo Pete Seeger (camino ya de los 87 añazos).
Tal vez los amigos de la descomunal descarga de la E. Street Band la echen algo de menos. Pero los muchos amantes de la música popular norteamericana están de enhorabuena.
Trece versiones
Estamos ante un disco con trece versiones en el que, con permiso de Dylan y el desapareecido Johhny Cash, Springsteen oficia de sumo sacerdote de la música popular de la Unión.
El trabajo es de primera. Bruce ha usado muchos de los géneros de EE UU para aderezar estas piezas de Seeger. Quizá no del todo fieles en la letra, pero sí en el espíritu.
En 'Erie Canal', una melancólica brisa céltica recorre la canción, como aquella 'Dirty Old Town' de los Pogues. El sonido de banda sureña a lo Nueva Orleans se impone (es unos de los ejes del disco) en 'Jacob's ladder', que conduce a un final apoteósico de base espiritual.
Más de campo es 'My Oklahoma Home', con banjo, acordeón y aire de polka. Al igual que 'Old Dan Tuker', que recuerda aquellas fiestas en la fogata de 'La conquista del Oeste'. 'Eyes on the prize' es una de las más melancólicas e incluso trae a la imaginación al Tom Waits de 'Cold, cold ground'.
De vuelta a la iglesia, Springsteen propone en 'Shenandoah' todo un cántico espiritual. Lo suyo es irse con toda la banda a tomarse el aperitivo en el 'honky tonk' más cercano como el de la tabernaria, risueña y fronteriza 'Pay me my money down' (vídeo en Internet).
Magistral es de nuevo la versión del clásico 'We shall overcome' (Venceremos), que Bruce lleva, a pesar de ser un himno de masas, a un territorio íntimo e hipnótico.
Forajido de leyenda
Un forajido de leyenda como Jesse James también recibe su merecido en forma country western y con un acordeón que hasta suena a cajun (country de origen francés). 'Mrs. McGrath' bebe de nuevo del aliento céltico y en 'O Mary dont you weep' se impone el soul.
Mientras 'John Henry' (el DVD ya se puede ver en www.brucespingsteen.net) es todo un despliegue de violines y trompetas y desgarro vocal de Bruce, que incluso dirige a su tropa. Pese a quien pese, sin los clásicos no se va a ninguna parte.