La Vuelta decide reventar los tópicos. La Cruz de la Demanda deja de ser juez y parte de la ronda para convertirse en un episodio más, crucial si acaso, pero un episodio al fin y al cabo en un 'thriller' abonado a la metódica del suspense. Inesperado e increíble, pero cierto. En el techo de la prueba sólo se efectuó la segunda criba, la más exigente, después de 160 kilómetros de desgaste sordo, intenso; el sucesor de Pascual Rodríguez tendrá que hacerse un hueco en el palmarés a los puestos porque la etapa reina se limitó esta vez a estrechar el cerco.
Serrano, Plaza y Efimkin, el triunvirato que copa, por ese mismo orden, los puestos de cabeza dos días después del arranque, sondean sus opciones. Pero todos apuestan tres a uno por el vallisoletano del Kaiku que asestó un zarpazo, tal vez definitivo, a los generales de Comunidad Valenciana y Caisse d'Epargne. En Calahorra, aventajó en nueve puestos al valenciano y en treinta y uno al ruso. Las carreras, queda claro, se ganan día a día. Y ésta mantiene a todo el personal en vilo.
Al nuevo líder, más que a nadie. Comprensible. Serrano, afinado semanas atrás en la Vuelta al País Vasco, culminó a lo grande la estrategia del Kaiku con una exhibición de raza e inteligencia que le convierte en virtual ganador a los puntos. Pero una pista de quinientos metros, sobre todo cuando culmina un trajín de 148 kilómetros con pasos por las cumbres de Herrera y Bernedo, es todo un mundo. De la misma manera que un puerto de quince kilómetros, con una pendiente media del 8,5%, puede dejar las cosas en el aire.
Es lo que sucedió ayer, aunque con matices. Kaiku había dado pista de sus intenciones en Calahorra y lo dejó más claro aún en La Demanda. Desde el punto de la mañana. En todas y cada una de las fugas que se fueron formando estuvo presente, tirando del carro. Especialmente en la que se formó al afrontar los repechos de Piedra Hincada, un puerto de segunda situado a más de 110 kilómetros de llegada, que aquilató la escaramuza más consistente, después de tres soberbios fiascos.
Se abre la brecha
Jon Bru coronaba por delante de Eladio Jiménez, y su compañero Galpasoro, y con ellos lograban abrir brecha los Escobar, Galdós, Alegrini, Domínguez, Melero, Martínez y Báez, una estirpe de modestos que situaban en punta de lanza a Relax, Panaria, Nicolás Mateos, Orbea y Atom.
Parecía evidente que Kaiku movía pieza, de la misma manera que empezaba a tomar cuerpo la tesis de que la colaboración prestada por Jiménez escondía alguna baza en las filas del Comunidad Valenciana. Hubo desencuentros que situaron la ventaja cerca del minuto, y otros de entrega frenética que la elevaron por encima de los dos minutos. Todos asumieron que la jugada de las dos formaciones pretendía minar las reservas del Caisse d'Epargne, que rodaba a tren, sin muestras de preocupación, esperando que el desgaste resquebrajase la solidez del grupo de escapados, perdiendo efectivos junto a los campos de cereal que se esparcen entre Anguiano, San Millán, Santo Domingo y Ezcaray.
La aventura, al empinarse el puerto, era un erial. La escuadra del líder rodaba a treinta segundos y por delante sólo quedaban los dos 'kaikus' y el efectivo de Comunidad Valenciana. El trabajo sucio estaba hecho. Llegaba el momento del baile. Por los tramos más exigentes empezaban a mostrar proa Plaza, Efimkin, Serrano, Karpets, Rovira, Karpets, Dailos Díaz, Bru a duras penas, Jiménez en un ejercicio de tenacidad.
Al estirón de Efimkin, a la andana buena, sólo aguantaron rueda Plaza y Serrano, y Rovira hasta los cien últimos metros. Ninguno, sin embargo, creía tanto en la victoria como Serrano porque ninguno había trabajado tanto para ella. Bastó verle disfrutarla a dos puños sobre la cinta, con la sombra de ruso y valenciano.