Hoy es el día para la última de las grandes clásicas de primavera: la Lieja-Bastogne-Lieja, la decana, la carrera que nació en 1892. La prueba por la que han pasado todos los mitos. La oportunidad para que a esa lista se sumen hoy Valverde, Samuel Sánchez, David Etxebarria, Astarloa, Perdiguero o Mayo, en dura competencia con el bloque italiano -Bettini, Cunego, Di Luca, Basso y Rebellin- y con tipos tan en forma como Schleck, Sinkewitz y Boogerd. Los más de 260 kilómetros y trece puertos extraerán un nombre de esa lista.
«Es la clásica que más me gusta», repite Valverde. Es una convicción. «No sé el motivo, pero creo que es la me mejor me va. No se suben muros, sino puertos». Esa sensación personal le convierte en favorito. Eso y un dato: el miércoles se exhibió en la Flecha Valona.
También es una de las citas favoritas de Samuel Sánchez, un corredor de moda -su dorsal parpadea en las agendas de los mejores equipos del mundo-. «Ya he sido cuarto y sexto en Lieja. Y ahora estoy en un gran momento. Es un buena oportunidad», repite. Tendrá a su lado a Mayo, al nuevo Mayo. Ocupó la plaza 18 en la Flecha Valona y dejó en el aire un aviso: va a más. Ha vuelto el Mayo que fue segundo en Lieja.
Entre cotas
Pero Lieja no un territorio fácil. Las Ardenas flamencas fueron trincheras en varias guerras. Es una sierra de asfalto. En los 90 últimos kilómetros, habitan la Cota de Stockeu (1 km. al 10,5 %), la Cota de Haute-Levée (3,4 km. al 6 %), los altos de Rosier y de la Vecquée, más la Redoute, el punto estratégico de la prueba, situado a 35 kilómetros de la llegada.
Y hay más: las cotas de Sprimont y Sart-Tilman conducirán al pelotón hasta Saint-Nicolas (1 km. al 11,1 %), a sólo seis kilómetros de la llegada. Como colofón a esa montaña rusa, la meta está colgada de una subida de 1.200 metros. A la espera de un nombre.