La Comisión Europea tiene razones para pensar que algo no está del todo claro en el mundo aeroportuario. No es una oscuridad nueva. En 1996, las compañías aéreas adscritas a la AEA llegaron a la conclusión de que costos externos ajenos a su control estaban comenzando a representar un porcentaje cada vez más importante de sus costos operacionales totales. Un estudio encargado a la Universidad de Cranfield (Reino Unido), demostró que las cargas aeroportuarias eran el resultado de «prácticas complejas y oscuras». Esas «prácticas complejas y oscuras» daban lugar a que el costo de operar un '747-400' en Barajas fuera de 11.739 dólares -la media de 29 aeropuertos europeos contrastados en el informe ascendía a 13.029-, cuando en Washington era de 8.197 dólares, 6.469 en Houston y 5.971 en Miami
La situación, desde entonces, ha empeorado. Los aeropuertos son más grandes, cuestan miles de millones de euros y el pasajero ve cómo su billete de avión se encarece, pero sin tener muy claro qué paga y por qué.
La Comisión Europea se propone introducir claridad en este complejo mundo. Presupone, inspirada por las empresas de aviación, que las cargas aeroportuarias vienen a representar entre el 4% y el 10%de los costos totales soportados por las compañías aéreas.