Partidos e instituciones manifestaron ayer de forma unánime, con la única excepción de Batasuna, su preocupación por el incendio que arrasó la ferretería del concejal de UPN en Barañain José Antonio Mendive -el primer acto de kale borroka tras el alto el fuego de ETA-, y lo calificaron de «atentado». Mariano Rajoy mantuvo su mano tendida al Gobierno de Rodríguez Zapatero para avanzar en la derrota de la banda, aunque pidió al Ejecutivo que sea «prudente» y «ande con cuidado».
En un acto del PP celebrado en Sevilla, el líder de la oposición dejó claro que «voy a apoyar al Gobierno, porque soy incapaz de hacer otra cosa cuando de lucha contra el terrorismo se trata», pero no ocultó sus reservas respecto al desarrollo de los acontecimientos. Antes de conocer las palabras del ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba -que atribuyó a la violencia callejera el ataque-, el presidente del PP exigió al Gobierno que «aclare» las causas del incendio y le recordó que, en todo caso, «los enemigos son los terroristas y quienes les apoyan, incluido Arnaldo Otegi», a quien calificó de «delincuente». De hecho, consideró que el Ejecutivo debería tener más «cuidado con las palabras» y no hablar, por ejemplo, de proceso de paz, «porque no hay ninguna guerra ni conflicto», ni tampoco insinuar «el trabajo a favor de la paz» de personas como el líder de Batasuna.
Mucho más duros fueron los reproches al Gobierno de Zapatero desde la dirección del PP del País Vasco. Su secretario general, Carmelo Barrio, fue categórico al considerar que el atentado de Barañain demuestra el «engaño masivo» de ETA a la sociedad democrática y pone en evidencia además que Navarra «está en el punto de mira de los terroristas». De hecho, Barrio recordó que la banda también ha enviado cartas de extorsión a empresarios de la comunidad foral y ha reiterado a través del 'Zutabe' (boletín interno) sus «obsesiones de siempre». Por ello, consideró que el tiempo transcurrido desde el anuncio de tregua ha sido un mes de «retrocesos», con un Gobierno dispuesto a «ceder» ante ETA. En consecuencia, exigió a Zapatero que, «por ética y por dignidad», recupere el discurso favorable a la «derrota» del terrorismo en lugar de seguir mostrándose «débil» y alentando «perspectivas de negociación».
Lógica preocupación
El Ejecutivo, por su parte, hizo un llamamiento a la cautela, el mismo tono que caracterizó las declaraciones de los dirigentes del PSOE y del PSE. Fuentes del Gobierno citadas por 'Efe' invitaron a mantener la calma y recordaron que el propio Zapatero ya advirtió de que el proceso sería «largo, duro y difícil», si bien admitieron la «lógica preocupación» del Ejecutivo ante este ataque. El portavoz socialista en el Congreso, Diego López Garrido, reconoció que actos de este tipo «no contribuyen a pensar que hay signos inequívocos» del cese de la violencia, aunque estimó «prematuro» valorar su incidencia en el proceso de paz ya que, subrayó, «no queremos considerar que pueda descarrilar a las primeras de cambio». Por ello, pidió al resto de fuerzas políticas «unidad» en torno al Gobierno y que no aprovechen la oportunidad para obtener «ventajas partidistas». El dirigente del PSE Rodolfo Ares instó a Batasuna a desmarcarse «con toda claridad» de un hecho que, «si se confirma» que es obra del «entorno de la izquierda abertzale», sería «gravísimo».
No obstante, la formación ilegalizada evitó pronunciarse porque -según dijo su portavoz, Pernando Barrena- carece de «datos» suficientes para valorarlo. Al término de una rueda de prensa en Pamplona, Barrena explicó que habían conocido lo sucedido en Barañain poco antes de comenzar la comparecencia y subrayó que su partido no hace «suposiciones». «Sólo valoramos datos», recalcó.
El Gobierno foral enmarcó el atentado en una estrategia orientada a crear «temor y desasosiego» en la sociedad navarra y recordó a sus autores que «siguen muy alejados del sentir y las preocupaciones del pueblo navarro».