Javier Madrazo retoma su actividad política tras un extenuante regreso en coche desde Praga, donde ha disfrutado de unos días de asueto con su familia. Confiado en que la paz es irreversible, el líder de EB plantea dos iniciativas en la inmediatez del proceso: que Rodríguez Zapatero proporcione «impulso» a la mesa de partidos en Euskadi en su comparencencia ante el Congreso y que, después, sea el Parlamento vasco el que adopte su propia resolución encauzando el camino de esa negociación mutipartita.
-¿Éste es el alto el fuego definitivo? ¿El final histórico de ETA?
-Creo que sí, sobre todo porque no obedece a ningún movimiento externo, sino a una reflexión propia y muy profunda. El MLNV se ha dado cuenta de que iba hacia la desaparición y se ha convencido de que sin violencia puede construir un proyecto político sólido.
-¿Será una rendición digna?
-No quiero meter el dedo en el ojo a nadie y no voy a usar esa expresión. Yo me alegro infinitamente, como la sociedad vasca, que se ha quitado una losa de encima que nos atenazaba. Por lo demás, prefiero que las salidas sean honrosas, no signifiquen la humillación de nadie y permitan cerrar este capítulo de la manera más sólida. Hay que utilizar la generosidad democrática para poner fin a la violencia de forma adecuada e inteligente.
-Las víctimas piden que se respete su memoria y que los terroristas no salgan como los vencedores.
-Evidentemente, por eso hablaba de actuar con inteligencia. Es básico el reconocimiento y la justicia hacia las víctimas, porque han sido quienes se han quedado en la cuneta en esta pesadilla y han pagado las consecuencias trágicas. Por eso es muy importante no agraviarlas, aunque también creo que, en general, son las primeras interesadas en que se haga un buen proceso.
-¿La paz tendrá precio político?
-El Pacto de Ajuria Enea ya distinguía entre pacificación y normalización, aunque tengan interconexión. La paz no tiene precio porque es infinito, no hay dinero para pagarla. Eso no admite discusión. Pero tenemos que reconocer que, exista o no ETA, hay un problema político sin resolver, que tiene que ver con nuestro modelo de convivencia y con las reglas de juego, que es como el suelo, el sustrato. Y en nuestro caso, es evidente, eso no está compartido: no sabemos cómo nos llamamos, no tenemos un día común ni un himno que compartamos, la lengua es arma arrojadiza... El encaje jurídico en el Estado está sin resolver y la relación con Navarra es objeto de controversia. Esos elementos nos deben llevar a un proceso de diálogo para lograr un pacto para la normalización. Estamos en un escenario de cese de la violencia, ya no caben excusas ni pretextos.
Segunda Transición
-¿Sugiere, entonces, que deberían refundarse hasta los símbolos?
-Entiendo que sí, que hay que repensar todo y que tenemos que abordar una segunda Transición. El clima político está muy contaminado y hace falta un pacto que oxigene la convivencia de cara también a las nuevas generaciones, que deben construir su propio futuro sobre unas bases comunes, con unos símbolos y una identidad compartida y transversal.
-¿Qué plazo se dan para arrancar ese proceso de normalización?
-Es aplicable el lema de 'sin prisa, pero sin pausa'. Hasta junio, es tiempo más que suficiente para verificar que el alto el fuego es irreversible y, a partir de septiembre, en otoño, poner en marcha la mesa de diálogo resolutivo. Me sorprende que Zapatero y Otegi coincidan en que el proceso va a ser largo y difícil, en un guión que suena igual. Pero esto tampoco hay que fiarlo a la eternidad, se puede resolver en un tiempo prudencial.
-Ustedes piden una mesa aquí y otra en Navarra y debatir, sin complejos, el derecho a decidir. ¿No van deprisa y con demasiada ambición?
-No, hablamos de constituir la mesa en otoño, no de que se logre el acuerdo. Pero esto no es una cuestión de física cuántica, es de voluntad política; y, si la hay, es relativamente sencilla. Nosotros hemos hecho una formulación sobre el derecho a decidir que puede aunar a sensibilidades diferentes: que se reconozca a Euskadi la capacidad para convocar referendos, sin que haga falta modificar la Constitución, y luego que se reforme el Estatuto para incorporar una nueva disposición adicional con esa competencia. Yo también entendería que, en esa negociación, el Estado quiera garantías adicionales y exija mayorías cualificadas o una pregunta clara. Y la parte vasca podría pedir que el Estado se sintiera concernido por un referéndum. Si hay voluntad política, eso se puede resolver en muy pocas sesiones.
-Pues no parece tan simple.
-Porque no se ve el proceso político tan maduro como el de paz.
-¿Realmente ven a Zapatero dispuesto a encarar ya el debate sobre el derecho a decidir?
-Veo al Partido Socialista con muchos miedos, poniendo muchas excusas y queriendo dilatar el proceso. Lo que me sorprende es que la izquierda abertzale sigue ese guión, diciendo que esto va a ser dificilísimo. Cuatro años de conversaciones dan para mucho, sería bueno que nos dijera si el Partido Socialista va a reconocer o no el derecho de decisión, qué han pactado en el terreno político. Si es que lo han hecho, porque empiezo a pensar que no han pactado nada.
-¿Cuál es su impresión?
-Que no hay gran cosa que rascar, para mi sorpresa. Ojalá me equivoque, que hayan pactado algo para que todo sea más fácil. Lo que no podemos estar ahora es eternizándonos para poner en marcha la mesa; no puede ser. La comparecencia de Rodríguez Zapatero ante el Congreso será un momento decisivo. Además de decirnos que ha verificado el alto el fuego y que va a hablar con ETA, que es lo que todos sabemos que va a decir, le pediría que, en el terreno de la normalización, dé impulso, cobertura política a la puesta en marcha de la mesa. Eso es básico.
Reforma 'light'
-¿Pretenden los socialistas y Batasuna acomodar los ritmos?
-Me preocupa que hablen los dos de prolongar el proceso. Lo que me gustaría es que hicieran balance de sus conversaciones, no estar jugando al gato y al ratón. La gestión de los tiempos la vamos a decidir entre todos y prefiero que sea compartida. Si alguien ha pactado esa gestión de forma bilateral, eso se tiene que someter al contraste con el conjunto de interlocutores.
-¿Temen que Zapatero encauce la negociación política con el PNV?
-No, porque el cauce lo representa el tripartito, en la medida que representa la voluntad mayoritaria de la sociedad vasca. El Partido Socialista va a tener la tentación de eludir el debate sobre el derecho de decisión, buscando algún acuerdo con el PNV a la baja y en términos de reforma estatutaria 'light' y devaluada. Es su pretensión, hacer en Euskadi lo que ha hecho en Cataluña con CiU.
-¿Lo es también de sus socios?
-En su discurso oficial, la posición del PNV es otra y clara. Sus dirigentes sitúan el reconocimiento del derecho de decisión como la clave para la normalización, y no tengo por qué ponerlo en duda.
-¿No ha estado el tripartito un tanto desdibujado en este primer año de legislatura?
-No, no. El tripartito está liderando este país y es la dinámica que ha abierto la que ha hecho que los dos mundos -la izquierda abertzale y el Partido Socialista- se muevan y se reciclen. En relación a la normalización, y sobre el papel que deben jugar el Gobierno y su consejo político, Euskadi también debe tener una resolución propia del Parlamento vasco, que refuerce la del Congreso y que, incluso, vaya más allá. Que dé un impulso a la normalización.
-¿Justo después de que Zapatero acuda al Congreso?
-Bueno, para mí no sería relevante si es en este período de sesiones o inmediatamente después. Pero creo que debe haber un espacio en el Parlamento, que es el que tiene que liderar y protagonizar la normalización. El protagonismo tiene que recaer en la sociedad vasca y sus instituciones; entre ellas, el Parlamento, donde se marque la 'hoja de ruta' del proceso de normalización, previa a la puesta en marcha de la mesa de partidos. Una 'hoja de ruta' en la que se establezca el compromiso de que se respetará lo que decida la sociedad vasca libre y democráticamente y se defienda la legitimidad de una consulta popular. La mesa tendrá luego que concretarlo, darle forma para incorporarlo al ordenamiento jurídico y llevarlo a la práctica.
-¿Quién presidirá esa mesa? ¿Debe sentarse en ella el Gobierno vasco?
-Queremos ser un elemento facilitador del proceso, no obstaculizador. Si alguien tiene que presidirla, no sé por qué no puede ser el lehendakari, como ocurrió en la Mesa de Ajuria Enea. Me gustaría escuchar razones de peso del PSE y de la izquierda abertzale sobre por qué no el lehendakari y sí, por ejemplo, un observador internacional. Nosotros queremos un consenso sobre las mejores propuestas, vamos con un planteamiento abierto, no dogmático.