Decenas de extraños objetos se entremezclan estos días entre las botellas de vino, las jarras de cerveza y la máquina del expreso en el Café Retratos de Logroño. Piezas que llaman la atención no sólo por su inusual emplazamiento, las paredes y estanterías de una cafetería, sino por la distancia geográfica que les separa de su tierra de origen.
Son una pequeña muestra de la cultura Gauchesca, elementos recopilados por un coleccionista privado riojano y que encierran la esencia misma de este estilo de vida que hoy en día todavía se conserva en las amplias llanuras que se extienden desde la Patagonia argentina hasta el estado del Río Grande del Sur en Brasil.
Hábiles jinetes, diestros en tareas ganaderas como la doma o el rodeo, pobladores de inmensos campos y con una fuerte vocación por la libertad, sus utensilios tradicionales, ahora expuestos, reflejan la estrecha relación de estos hombres con la vida ecuestre. Un trato que sedujo al propietario de la colección, un amante de los caballos que posee varios ejemplares cuyos retratos, realizados por la artista argentina Norma Zaro, también se pueden ver en las paredes de esta cafetería.
Estribos de metal o de cuero duro, fustas rematadas con plata y hueso, rebenques, boleadoras, en definitiva útiles del trabajo diario del gaucho, que eso sí, aunque recuerden a las duras labores del campo están rematados con hermosos detalles tallados a mano de escenas y usos de esta cultura, especialmente confeccionados para los días de gala y que suponen todo un esmerado trabajo de artesanía.
Junto a estos, también elementos de la vida diaria. Cinturones de piel de capibara, un roedor originario de Sudamérica y el más grande del planeta, adornados con monedas al estilo gauchesco, algunas con antigüedad de más de tres siglos. Y como no el mate, otro de los indispensables del gaucho, esta vez aderezado de alguna que otra original pieza, como una asta de vaca, que recuerda uno de aquellos contenedores de pólvora para los viejos mosquetones y que en esta ocasión contiene la hierba para la estimada infusión.
Vestigios de una cultura, muchos de los cuales todavía se usan aunque las prohibiciones en algunos casos, como en el de las espuelas, vetadas por el daño que producían en los animales, o la incursión de la tecnología, que ha supuesto varios cambios en los usos agrícolas o en el transporte del ganado, hayan dejado en segundo plano el manejo de algunos útiles, hoy solo recreados a modo de cultura artesanal.
Una exposición que también sirve como punto de reunión. Explica el propietario del café él también de origen argentino, «nos hace tener nostalgia y nos ha hecho reencontrarnos con muchos de los argentinos que viven en Logroño». Hasta el 31 de mayo en Retratos Café, Duques de Nájera 109 (parque La Laguna), Logroño.