¿Habla a solas? No se preocupe. La próxima vez que esté acompañado haga un pequeño sondeo a su alrededor y comprobará que no está 'solo': la mayoría de los adultos piensan en voz alta alguna vez y eso no significa que se hayan vuelto locos. De hecho, el soliloquio está presente en la vida desde el momento en que aparece el lenguaje: los niños pequeños son entusiastas practicantes y algunos incluso lo consolidan con la invención de un amigo imaginario. Sin embargo, hablar con uno mismo está socialmente mal visto, quizá porque es síntoma de algunas enfermedades mentales, como la esquizofrenia.
¿Dónde está la frontera entre lo normal y lo patológico? La psicóloga Gloria Villalobos recuerda que las personas estamos en constante conversación con nosotras mismas: ésa es la forma que adopta el pensamiento.
«Nos formulamos así los contenidos de nuestras propias fantasías y pensamientos», explica a su vez el psiquiatra José María López Sánchez. «Freud decía que nos contamos así nuestras propias 'novelas' personales. Ponemos en palabras nuestras ansiedades, nuestras actitudes, añadiendo de continuo matices, reformulando apreciaciones... Ser normal es funcionar así. Y a veces descubrimos que estamos hablando en voz alta, a nadie, a nosotros», añade el médico.
Sin embargo, la mayoría de las veces, el soliloquio adopta formas menos profundas que una «reflexión». Un número de teléfono, la lista de las cosas que tenemos que hacer, los pasos a seguir en una tarea que estamos realizando, unas palabras de 'auto-ánimo' al emprender un trabajo... son de lo más frecuente. En otras ocasiones, no podemos evitar poner voz a la sorpresa, el enfado o la impotencia ante un trabajo difícil.
Señal de enfermedad
La psicóloga apunta señales que pueden indicar la presencia de un soliloquio patológico: un aumento importante de la frecuencia con que se realiza, la tendencia cada vez mayor a hacerlo en público, que las 'conversaciones' adquieran un contenido extraño o que la persona muestre actitudes agresivas o autodestructivas. Las ideas paranoides, delirios de grandeza, obsesiones de tipo religioso o el convencimiento de que alguien se ha metido en su cerebro son algunos de los síntomas de los esquizofrénicos.
Por su parte, el psiquiatra asegura que, al contrario que en otras áreas de la medicina, en salud mental no es fácil trazar la frontera entre lo normal y lo anormal. De hecho, los médicos de atención primaria manejan cantidad de problemas mentales y psicológicos. Algunos padecimientos no alcanzan el grado de «enfermedad mental», sino de «malestar de vivir».
El doctor López resalta que cualquier síntoma debe ser valorado en relación con su contexto. Por ejemplo, para afirmar que un hombre que habla solo padece algún tipo de locura primero habría que analizar sus circunstancias laborales, sociales o familiares. Detrás de una conducta extraña puede haber una separación, un hijo drogadicto, un despido, un tumor cerebral...
En todo caso, apunta el médico, hablar a solas es una conducta típica de los esquizofrénicos severos, especialmente cuando la enfermedad no está bien controlada con fármacos. El soliloquio se expresa entonces «como musitación o bisbiseo», pero también «en una franca conversación del paciente consigo mismo». Es frecuente la aparición de este síntoma en enfermos con delirios, esquizofrénicos o no. En ocasiones se aprecia que el enfermo en realidad no habla consigo mismo sino con «sus 'voces', que son sus alucinaciones auditivas». No es infrecuente que el discurso de estos enfermos resulte «angustioso y amenazante».
Una dolencia rara es el 'síndrome de Touraine'. «El paciente tiene una impulsividad verbal que le hace hablar solo a voces sin dirigirse a nadie y con un lenguaje escatológico, insultos y palabras soeces», indica el facultativo.
Experimento infantil
Si en los adultos el soliloquio es corriente, en los niños es casi obligado: se trata de una fase más en el desarrollo del lenguaje. «Lo mismo que experimentan con su cuerpo, experimentan con el lenguaje. Les sirve de refuerzo y les ayuda a comunicarse», explica la psicóloga, experta en temas infantiles.
De hecho, los niños empiezan a hablar solos incluso sin saber hablar. Mucho antes de articular palabras con sentido, se expresan en una jerga con la que van ensayando la pronunciación y la entonación de su futuro discurso.
Cuando el niño comienza a hablar, utiliza el soliloquio de dos maneras. Una, descriptiva, que «le ayuda a guiar su comportamiento». Aprende hablando y describe todas sus acciones, cada paso de un juego, los objetos que utiliza... «A partir de los cinco o seis años -comenta la especialista- empieza a interiorizar ese soliloquio y deja de hablar solo en alto».
El segundo tipo es, en realidad, un falso soliloquio: el niño no se dirige a sí mismo, sino a un amigo imaginario. La invención de un compañero de juegos no es preocupante, siempre que no sustituya a amigos auténticos. Puede ser una buena solución para momentos de soledad, pero es importante que el niño mantenga relaciones normales con otros chavales. Con sus compañeros invisibles, los pequeños simplemente dan rienda suelta a su fantasía. Según Gloria Villalobos, normalmente esta conducta no persiste más allá de los diez años.
Síndrome de Down
Las personas con síndrome de Down suelen hablar solas o con personajes inventados habitualmente y durante toda la vida. Al parecer, pensar en voz alta les ayuda a expresar sus emociones, organizar sus ideas y tomar decisiones.
Aunque tienen más dificultades para discernir qué acciones no deben hacerse ante otras personas, en muchas ocasiones hablan solos cuando creen que nadie les escucha. Por último, el soliloquio es utilizado por estas personas como un simple entretenimiento.