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Domingo, 23 de abril de 2006
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VIZCAYA
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Medir el dolor
Una empresa bilbaína de biomecánica aplica las nuevas tecnologías para valorar las incapacidades físicas
Medir el dolor
PREPARATIVOS. La especialista presenta un innovador tratamiento para valorar lesiones. / L. A. GÓMEZ
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¿Cómo se puede saber si alguien miente o exagera cuando dice que le duele un miembro? ¿Hay manera de medir la incapacidad de manera objetiva, más allá de los aspavientos que haga el paciente? Tradicionalmente, la tarea dependía de la pericia, la experiencia y el buen ojo del médico, pero la empresa bilbaína Biomecval aplica las nuevas tecnologías para realizar un análisis biomecánico que deje a un lado las apreciaciones subjetivas. «Siempre seremos capaces de demostrar si el dolor limita el movimiento», asegura la directora médica, Montse Pérez.

La prueba estrella es el análisis tridimensional del movimiento, que se lleva a cabo en una sala con cuatro cámaras. Primero se filma en alta resolución al paciente, que lleva colocados unos sensores especiales en la parte afectada, y después se digitaliza su imagen y se procesa por ordenador. «Ahí aparecen las marcas de dolor, donde disminuye automáticamente la velocidad del movimiento», explica la doctora. Los farsantes no son capaces de reproducir repetidamente en cada gesto el efecto natural que provoca el latigazo de dolor: «Es muy difícil engañar a la máquina. Además, hay unos coeficientes que indican si la persona no está colaborando».

La empresa también lleva a cabo otras pruebas, como análisis de la marcha, con plantillas especiales que registran la presión de cada parte del pie, o electromiografías, que miden la intensidad de trabajo del músculo y permiten comprobar si realiza todo el esfuerzo posible. La mayor parte de los casos que atienden se refieren a problemas de la columna vertebral: «Suelen proceder de mutuas o compañías de seguros, porque las incapacidades tienen que estar muy fundamentadas y hay personas con dolor de columna que no pueden demostrarlo. También tenemos a particulares que buscan la manera de probar ante un juzgado que lo que dicen es cierto. Y a traumatólogos que necesitan decidir el momento del alta en lesiones como los ligamentos cruzados», enumera Montse Pérez.

Muy gesticulante

Según las estadísticas, el 31% de los supuestos enfermos disfruta de una salud normal, aunque no todos esos pacientes sanos se puedan catalogar como simuladores. En algunos casos, la tecnología tiene un efecto disuasorio: «Ha habido personas enviadas por compañeros que, al saber lo que hacemos aquí, no han venido», sonríe la doctora. Pero también sucede lo contrario: «El otro día tuve a un paciente joven que había sido dado de alta porque pensaban que simulaba. La exploración en camilla daba esa impresión, porque el chico era muy gesticulante en cuanto le empezabas a mover, pero resultó que tenía una pérdida de más del 70% en un hombro».

Además de la valoración de lesiones, la biomecánica tiene otras aplicaciones. Los deportistas, por ejemplo, pueden aprovecharla para «entrenar el gesto» y mejorar técnicas determinadas, como el chut. La empresa -con otras dos sedes en Barcelona y Madrid- quedó finalista en el concurso de emprendedores de la ETB 'Generación XXI', por detrás de un proyecto de criogenización, pero ahora afronta las dificultades de introducirse en un mercado receloso de las novedades: «El problema es que, aquí, muchos ni siquiera saben de lo que hablamos, a pesar de que existe un apartado de biomecánica en Rehabilitación del Hospital de Basurto. Estamos empezando y vamos bastante por detrás de Cataluña».



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