Mares de vainas, bosques de lechugas y brécoles, lomas de berenjenas, robustos y disparatados árboles que crecen con forma de pimientos, perejil y acelgas sobre campos de calabacines, ajos y pepinos que lucen como soles y lunas... Karen Amaia construye fantásticos mundos echando mano de su imaginación y toda clase de verduras.
Con hortalizas «de verdad» que la inmensa mayoría nos llevamos a la boca sin echarles el más mínimo vistazo, esta fotógrafa nacida en Alemania «de casualidad» e hija de una holandesa y un «'tomatero' de Deusto» ha preparado una 'Menestra Geográfica' -título de su exposición fotográfica - con paisajes cargados de tintes surrealistas, rozando casi el absurdo, y montando piruetas que hacen las delicias de pequeños y mayores.
De la mente de esta psicóloga, todo es posible. Desde que dos trozos de cebolla bien picadita se conviertan en gaviotas revoloteando sobre un diente de ajo transformado en la vela de un barco que navega sobre un mar de judías verdes y patatas con la apariencia de rocas; o que un puñado de menudas zanahorias se transfiguren en una manada de pingüinos muy distintos a los que conocemos: los suyos mudan su piel con pinta de esmoquin por una de color naranja. No cabe mayor originalidad.
Porque el secreto del universo de ficción diseñado por Karen Amaia radica en composiciones fantásticas creadas «con alimentos cotidianos» de nuestras huertas. Aunque, «por supuesto», por el camino esta artista haya descubierto verduras que «no conocía».
-¿Como cuáles?
-Como la yuca o el boniato, que nunca había comido. Sabía que existían, pero...
'Barbas' de puerros
Por raras que parezcan, ha conseguido composiciones que difícilmente encajarían en un plato. Cuenta con un método de trabajo. Primero diseña «mentalmente» la obra. «Cuando veo cómo podría ser la foto, busco las hortalizas que cuadren bien». Y aquí es donde Karen juega como nadie y se divierte con propuestas originales. Las 'barbas' de los puerros hacen las veces de hierbas, o se inventa colinas levantadas sobre rábanos, calabazas o nabos. «Ya que me invento micromundos, que sean divertidos».
En la muestra organizada por la galería Catálogo General, que cuelga de las paredes del restaurante billbaíno Kasko, destacan tres piezas. En una, las capas blancas de una cebolla simulan un sol crepuscular tenue que lleva camino de «ocultarse» en un valle rodeado de «magníficas» montañas de calabacín, pepino, calabaza, boniato, yuca y pimiento.
En otra, unos montes altísimos de romanescus -una variedad de col verde con ramitos cónicos en espiral- se reflejan, en un hábil montaje informático, sobre un maravilloso lago, mientras unas nubes en forma de coliflor amenazan lluvia.
Y en la tercera, una loncha de pepino a modo de luna llena ilumina un bosque de hojas de lechuga amoratadas que brotan de una tierra labrada de zanahorias ralladas. «Una hierba muy fantástica; quizá de otro planeta», insinúa.
Hija de un pintor fallecido hace pocos meses, Karen todo lo sugiere. Sus paisajes son irreales. Todo es inventado, excepto las verduras.Cuenta que le preocupa el medio ambiente y que no se cuide la naturaleza. Pero su exposición pretende, sobre todo, redescubrir «el valor y la belleza» de productos que por su cotidianeidad pasan desapercibidos. «El pepino, el perejil, la acelga, el ajo... ¿No les damos valor! Nos los comemos, y punto».
Durante los tres meses que le llevó la preparación de este montaje, ella se alimentó, especialmente, de las verduras que antes fotografió. Se siente feliz: «He conseguido sacarles toda la hermosura. Preparamos platos de acelgas sin fijarnos en lo bonita que es la hoja de esta verdura y los nervios y tonos que tiene», dice. Por eso, aspira a que cuando la gente se coma una ensalada piense antes en la oportunidad que tiene de «montar un bosquecito con ella». «Saber me saben igual, pero ahora veo fotos en las verduritas. Primero las fotografío y luego me las como», explica acerca de la muestra que permanecerá abierta hasta el 3 de mayo y que dedica a su padre, «un tomatero» de toda la vida. «Le habría encantado verla», recuerda emocionada.