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Domingo, 23 de abril de 2006
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VIZCAYA
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Pasión en miniatura
500 niños y adolescentes recrean en Balmaseda los últimos momentos de Jesús
Pasión en miniatura
ÍÑIGO interpretó con brillantez el papel de Cristo. / MITXEL ATRIO
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Con la llegada de la Semana Santa, Balmaseda se transforma. Como manda la tradición, los vecinos de la villa escenifican cada año la Pasión de Cristo. A este fervor por convertirse en actores no escapa nadie en el municipio. Ni siquiera los más pequeños. Antes de dar el salto a la gran función, los niños tienen que foguearse. Y lo hacen tomando las calles del casco histórico una semana después que sus mayores. «Son nuestra cantera», sostiene Unai Cid, uno de los organizadores del certamen 'txiki' de la Pasión.

No hay edad para dar vida a Jesús. Bien lo sabe Iñigo, el niño encargado de protagonizar los últimos días de Cristo. A imagen y semejanza del hijo de Dios, el chaval cargó ayer con la cruz por las calles de Balmaseda. «Mira qué cara de sufrimiento pone. ¿Cómo lo vive!», exclamaban desde el público al paso del pequeño por la calle Correría. Descalzo y agotado, Iñigo pisa adoquines. Poco a poco, su larga melena le tapa la cara. No se ven las falsas cicatrices y su barba pintada va diluyéndose con el sudor.

El Vía Crucis es la escena más dura de la Pasión. Y, como excepción, los 300 niños de la representación infantil reciben un premio: un corto descanso a su paso por la plaza San Juan. Delante de la iglesia, los integrantes del grupo La Magdalena reponen fuerzas. Dulces, chorizo, pan, refrescos... no falta de nada. «Igual me estoy pegando un atracón, pero no sabes el hambre que tengo», se disculpa Aitor. Él es el encargado de interpretar a uno de los romanos. Trompeta en mano y un cuarto de hora después de hacer el alto, el pequeño reanuda la marcha junto a sus compañeros.

Imágenes de recuerdo

Padres, madres y demás familiares siguen de cerca el espectáculo. Cámaras en ristre, no se quieren perder ni un detalle de la obra. Cada uno enfoca a un lugar diferente. Es ahí donde se dejan notar las preferencias por el vástago de cada uno de los progenitores. «¿Qué monas están las niñas!», se dicen unos a otros entre el gentío. Incluso, en medio del alboroto, puede verse a algún visitante con ganas de conocer la representación 'txiki'. «He estado ya un par de veces con los mayores y tenía ganas de ver algo diferente», explica la bilbaína Mónica Santiago.

Ninguno pasa de 14 años, son bisoños y apenas tienen experiencia en estas lides. Y, pese a todo, los improvisados actores se tienen bien aprendidos los papeles, aunque les vigilan de cerca. «Si te confundes te echan la bronca, así que mejor hacerlo bien desde el principio», reflexiona Miren. En ediciones anteriores, ella y sus amigas participaron en la Pasión. Ahora, ven los toros desde la barrera. «Para cualquiera del pueblo, es muy bonito estar ahí», cuentan.

También los adolescentes tienen su propia representación. Comenzó ayer por la noche con La Última Cena y hoy echará el cierre con un Vía Crucis que concluirá en La Torre. En esta obra hay 200 voluntariosos actores de entre 14 y 18 años, miembros de la formación de Santo Domingo.



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