La enfermería ha evolucionado mucho en el último medio siglo, pero le falta el estirón final. El actual debate sobre esta carrera incluye cuestiones clave como la creación de una licenciatura, la implantación de las especialidades, el desarrollo profesional y el reconocimiento de la capacidad de prescribir, que pueden adecuar por fin la enfermería a la imagen de ella que tienen quienes la ejercen, mujeres en un 85%. «Somos personal autónomo y cualificado con una formación académica extraordinaria, mejor que la de actuales licenciaturas», resume María José García Etxaniz, que ha renovado en la presidencia del colegio vizcaíno en este momento lleno de expectativas.
-¿No hay muchos frentes abiertos?
-El plan de trabajo es muy amplio, no sé hasta dónde podremos llegar. Sobre la mesa hay cuatro cosas importantísimas que llegan tras años de pelea y lucha, porque lamentablemente nos obligan a conseguirlo todo con mucho esfuerzo. No me quejo, ni digo 'pobrecitas de nosotras', pero se nos trata de diferente forma que a otras profesiones. Están, para empezar, los estudios: al principio éramos enfermeras, después ATS y después hicimos la incursión en la Universidad como diplomadas, pero seguimos reclamando una licenciatura.
-¿La convergencia europea les va a ayudar en esto?
-La declaración de Bolonia abole las titulaciones anteriores, pero el problema está en definir los nuevos estudios. Nosotros creemos que el grado debe ser de 240 créditos, es decir, de cuatro años, porque, si no, nos recortarían contenido.
-A la vez, hay que desarrollar las especialidades de enfermería, ¿no?
-En 2005 se aprobó un decreto de especialidades. Existían dos, matrona y salud mental, pero se desarrollaron otras cinco: enfermería de trabajo, pediátrica, geriátrica, médico-quirúrgica y familiar y comunitaria. Se accederá a ellas vía EIR -el MIR de Enfermería-, pero aún hay que formar las comisiones que pautarán las normas para cada una.
-¿Y qué pasará con las enfermeras que ya desempeñan esas funciones?
- El decreto marca diferentes vías de acceso para estos profesionales. En el País Vasco, por ejemplo, se ha desarrollado mucho la salud mental y se han creado muchos centros. La gente ha procurado formarse mediante posgrados, cursos...
-¿Es un momento crucial para los estudios de Enfermería?
-Sí, desde luego... Un enfermero especialista actúa de diferente forma que uno generalista. Uno no puede ser bueno en todo. Igual que existen otorrinos o cardiólogos, la enfermera será mejor si su formación se encauza hacia una disciplina que si ha de dominar cincuenta.
Carrera y prescripción
-Ustedes reclaman una carrera profesional que reconozca los méritos de cada trabajador
-Es un derecho. Lamentablemente, en nuestro caso, la Administración no contempla ese reconocimiento: da igual que una sea muy buena en asistencia, que tenga unos conocimientos tremendos o que haya hecho investigaciones. La carrera profesional debería ser igual para todos los profesionales en todo el Sistema Nacional de Salud y debería aplicarse en la pública y en la privada concertada. En Euskadi, está en estudio, pero las perspectivas no parecen muy halagüeñas.
-¿Por qué?
-Porque el Gobierno vasco no ha contado con los colegios profesionales, algo fundamental. Representamos a 6.500 colegiados en Vizcaya, así que nos parece que deberían darnos un poco de voz.
-¿Qué les parece que los médicos tengan ya su carrera profesional?
-Lo de los médicos no es un desarrollo profesional como tal, sino una subida encubierta. Aunque se ha aprobado el perfilamiento, tengo mis reticencias y los médicos también. Eso sí, yo quiero que mi carrera profesional se considere desde el mismo momento que la del médico: ¿por qué me van a dar un trato distinto, siendo profesional sanitario de la misma organización? Y el reconocimiento económico debe ser proporcional.
-Y su cuarta reclamación: quieren recetar.
-En realidad, ya hacemos prescripción, unas veces como autónomas y otras, delegada por el médico. Hay cosas en las que no hace falta receta y sí participamos, como las dietas de los diabéticos, que también son prescripción aunque no de medicamentos. O las úlceras por presión: el paciente está encamado y es la enfermera quien le ve diariamente y decide. Por otro lado, está la prescripción delegada, sobre todo en las matronas y la salud mental.
-¿Cómo se regula esta cuestión en otros países?
-La prescripción enfermera existe en el Reino Unido, Irlanda, Suecia o Francia. En algunos países, la enfermera prescribe dentro de catálogos cerrados, es decir, sólo determinadas cosas, y para ello recibe formación especial. ¿Qué pasa con la libre circulación de profesionales? ¿No van a poder prescribir si vienen a España? Lo que no queremos es prescribir para desahogar al médico: nuestros estatutos y la ley dicen que somos autónomas, así que tenemos ese derecho y esa responsabilidad. Y recibimos una formación farmacológica universitaria superior a la del odontólogo.
-¿De dónde viene la resistencia?
-De los médicos, que creen que se les come un espacio. Hasta ahora, se delega en la enfermera porque el señor doctor tiene demasiado trabajo. Tenemos consultas propias, pero sólo podemos hacer las recetas de crónicos que ha mandado el doctor. No estamos facultadas, por ejemplo, para variar el diurético, aunque el contacto con el paciente demuestre que es conveniente.
-¿Los médicos miran por encima del hombro a las enfermeras?
-Eso depende de las personas. Para que funcionen las cosas, hay que trabajar en equipo, que es diferente a delegar o a asumir responsabilidades que no te corresponden.
-¿Enfermería se ha librado de esa imagen social de carrera de segunda con respecto a Medicina?
-¿Sabe por qué sucedía eso? Porque las enfermeras somos mayoritariamente mujeres. Inicialmente, esta carrera servía para que la mujer trajera un sueldo adicional, sin que se valorase su formación sino lo que podríamos llamar el aspecto monjil. Pero eso se ha abolido desde que entramos en la Universidad, desde que tenemos un porcentaje elevadísimo de familias monoparentales, desde que participamos activamente en la sociedad...