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Domingo, 23 de abril de 2006
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VIZCAYA
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Una residencia diferente
El geriátrico de Txurdinaga ya no encaja con la política de la Diputación, pero usuarios y trabajadores defienden su calidad asistencial
Una residencia diferente
TEMOR. La Diputación ha asumido el compromiso de que los traslados sean voluntarios. / IGNACIO PÉREZ
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La residencia de Txurdinaga acaba de celebrar su 25 aniversario y se ha quedado vieja. Obsoleta, como dice el lenguaje oficial. Las tres torres que en su día recibieron un premio de arquitectura padecen múltiples achaques y no están adaptadas a las necesidades de las personas asistidas. El centro ya no encaja en los planes de la Diputación, pero sí en los de muchos usuarios que se aferran a la que consideran su casa. «A mí me sacarán la última. Me he hecho a la idea de que voy a morir aquí», asegura Bakarne, que vive allí desde hace tres años.

En la polémica suscitada en los últimos meses, desde que la Diputación paralizó los ingresos, ha quedado claro que esta residencia es diferente a todas las demás. La institución foral la heredó del Imserso en 1980, cuando ingresaban personas que se valían por sí mismas y sólo necesitaban compañía. Con el envejecimiento de la población, se ha especializado en el cuidado de los mayores dependientes. Los centros del IFAS en Elorrio, Leioa y Gallarta están acondicionados para ello.

En Txurdinaga, la enfermedad se ha ido adueñando de algunas habitaciones. De los 114 residentes, 34 se encuentran en situación de dependencia. La Diputación les mandó una carta en diciembre para preguntar sus «preferencias» de cara al traslado a otro centro «más adecuado». El proceso se iniciaría «en enero de 2006».

Aquella remesa provocó otros muchos envíos. Escritos en defensa de la «digna» asistencia que reciben todos los usuarios y cartas como ésta: «De niña sufrí penurias y, tras toda una vida de trabajo, tuve la suerte de ingresar en esta residencia. Me decía a mí misma 'ahora viviré tranquila'. Pero ¿ay! dicen que se ha quedado vieja, inservible. El temor nos entró a todos los ancianos. Pasamos la Navidad angustiados y nerviosos».

Ante las protestas de residentes, familiares y trabajadores, la Diputación decidió ralentizar el proceso y asumir el compromiso de que los traslados sean voluntarios. Todavía no ha habido ninguno, aunque se han presentado once solicitudes. La institución foral también ha garantizado que va a atender «a todas las personas y respetar todos los puestos de trabajo», que son 81.

5 millones en reformas

Estos mensajes han calmado el ambiente, pero el geriátrico sigue sin encajar en la política foral. La asistencia a los ancianos que se valen por sí mismos, que son mayoría en Txurdinaga, corresponde a los ayuntamientos, y el edificio presenta «tantas deficiencias» que se ha descartado su reforma. Las obras costarían «cinco millones de euros». Habría que adecuar la red sanitaria y la instalación eléctrica; modificar los accesos a los dormitorios; reformar los cuartos de baño, ya que no hay baños geriátricos en todas las plantas; las escaleras no están protegidas «y resulta inviable su protección»; las cubiertas «están en mal estado», detalla un informe solicitado en las Juntas Generales por el PP.

De puertas adentro, la residencia se ve con otros ojos. «El ambiente es mejor que en ninguna otra, y eso lo dicen los que han trabajado en varios centros», afirma Justino López. «Tenemos excursiones, risoterapia, festivales de poesía, acordeón y cine los jueves». Él, que volvió a Bilbao tras vivir 50 años en México, se pregunta «qué va a pasar con los residentes válidos». Se sienten en tierra de nadie. «Parece que no existimos, como si estuviéramos en un cementerio de elefantes».

En la mesa ha hecho «una piña» con Bakarne y la lekeitiarra Eugenia Zamora. «Nos tratan con esmero. Todos hemos formado una gran familia, hasta el cocinero», dicen. «Es doloroso que rompan esta armonía», comenta Claudio Aguirre mientras toman un café. A sus 93 años, él ha pasado por mil batallas y por dos geriátricos privados antes de llegar a Txurdinaga. «Mi mujer falleció y estuve arreglándome solo durante cinco años. Este sitio me ha salvado la vida».

El Departamento de Acción Social siempre ha dicho que evitará medidas «traumáticas». Aunque no le ha puesto plazo, contempla el derribo de al menos una de las torres para edificar el primer centro sociosanitario de Euskadi, destinado a personas mayores enfermas y convalecientes. Mientras define el proyecto, construye otra residencia en el mismo barrio que se inaugurará este año.



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