Quiero agradecer el envío de ese libro editado por 'Bilbao Ría 2000' y el Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Vizcaya, en el que se resume la obra del que fue notable urbanista y arquitecto municipal Estanislao Segurola. Y he disfrutado con dicho libro, comparando el Bilbao del siglo XXI con el de los años treinta, en que Segurola adelantaba ya sus ideas urbanísticas para demostrar, sin lugar a dudas, su gran visión del futuro urbanístico de nuestra villa.
Entre las muchas ilustraciones interesantes (sobre todo, para un bilbaíno veterano) he encontrado alguna que me sugiere un comentario especial. Una de ellas corresponde a una obra de interiorismo de Segurola, el popular Bar Pacho, que regentaba mi amigo José Luis Salazar y donde servían lo que mi mujer calificaba como el mejor café de la villa.
Siempre me encantó el especial diseño decorativo de aquel café (situado en la esquina del Arenal y Bidebarrieta), y admiraba incluso el detalle de las banquetas y mesas que hacían juego con la artística decoración del local.
En alguna ocasión dije a mi amigo José Luis que le hubiera robado una banqueta como recuerdo sin el menor remordimiento. Aún hoy sigo preguntándome: ¿dónde habrán ido a parar aquellas mesas y aquellas banquetas dignas de figurar en un museo?
Y, curiosamente, junto al libro citado, me encuentro entre la correspondencia de vacaciones una carta de Francisco Salazar ('Francis' para los amigos), hermano de José Luis 'el del Pacho', que me agradece la cita que hice de su hermano en alguno de mis comentarios anteriores.
Aquella cita estaba hecha con afecto, porque a José Luis, además del café que saboreaba mi mujer, me unía también una especie de lazo profesional, porque él era un magnífico dibujante que llegó a dar alguna charla en la que demostraba cara al público su habilidad artística.
Y recuerdo este detalle porque mi vida periodística, allá por el año 1950, comenzó precisamente haciendo la reseña de una de sus charlas. Y como hoy se me acabó el espacio disponible, mañana les hablaré de otras fotos del citado libro de Segurola. No se me vayan por favor.