El libro de Badjoko nació de su encuentro con Katia Clarens, una reportera francesa del periódico 'Le Figaro' que había viajado al Congo para cubrir el drama de la guerra. «Ella estaba buscando testimonios de niños soldado y nos cruzamos en un centro de desmovilización -recuerda el ex combatiente-. Yo ya tenía intención de hacer algo con la historia de mi vida y a Katia le interesó la idea».
Poco después, la periodista volvió a África con un contrato editorial para trabajar con Badjoko en su relato. Lo escribieron entre los dos, como si fueran uno solo, aunque antes de hacerlo se dedicaron a hablar. A contarse cosas. A escuchar. «Todo lo que lees en el libro forma parte de las conversaciones que mantuve con Lucien. Las charlas fueron una experiencia humana de esas que ocurren pocas veces en la vida», reflexiona la periodista.
-¿Qué es lo que más le ha impactado de esta historia?
-Lo que más me conmueve de Lucien es ver lo que ha logrado hacer con su vida. Él es un valiente y nunca ha dejado de sonreír. Cuando sabes lo que tiene por detrás, es como presenciar un milagro.
-¿Qué ve al mirar sus ojos?
-Veo a alguien que quiere avanzar. Aunque su mirada pueda ser dura de vez en cuando, la mayoría del tiempo enseña una voluntad increíble y protectora.
-¿Cuánto tiempo pasaron juntos?
-Dos meses. Al principio, él no me contestaba honestamente. Supongo que sentía vergüenza de contarme ciertas cosas, ya que no nos conocíamos. Pero luego cogió confianza y, pese a todo, regresó cada día para seguir trabajando.
-Usted hacía las preguntas
-Sí. Y él respondía. Todo lo que me dijo se puede leer en el libro.
-¿Y cómo reaccionaba usted a sus respuestas?
-Fue duro, pero lo aguanté. Me prohibí a mí misma demostrar demasiada emoción. Era Lucien quien había sufrido, y él no lloraba. ¿No iba a llorar yo!
-¿Es preferible no enterarse?
-No. Aunque el mundo le da la espalda a todo lo que ocurre allí.
-¿Por qué?
-Por varias razones. La primera, porque duele mirar estas cosas de frente. A quien ha estado trabajando durante toda la semana no le apetece mirar al infierno; prefiere entretenerse con cosas ligeras.
-¿La segunda?
-Porque allí la política es muy difícil de entender y hay mucho dinero en juego. A quienes recogen las riquezas minerales del Congo no les conviene que haya mucha mediatización alrededor.