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Miércoles, 26 de abril de 2006
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CULTURA
GUSTAVO MARTÍN GARZO ESCRITOR
«Me gusta la adolescencia porque la vida está entonces llena de promesas»
Gustavo Martín Garzo publica 'Mi querida Eva', una novela escrita con el lenguaje de los enamorados
«Me gusta la adolescencia porque la vida está entonces llena de promesas»
Martín Garzo aborda el mundo del boxeo en su obra. / MITXEL ATRIO
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BIOGRAFÍA
Gustavo Martín Garzo nació en Valladolid en 1948.

Estudió Psicología y trabajó como psicólogo para el Ayuntamiento de su ciudad.

Con su primera novela, 'El lenguaje de las fuentes', ganó el premio Nacional de Narrativa, en 1994.

Entre sus obras se encuentran 'La princesa manca', 'La vida nueva', 'Las historias de Marta y Fernando' (Premio Nadal en 1999) y 'La soñadora'.

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Mientras dura la pasión amorosa, las parejas se dicen unas palabras que luego no volverán a pronunciar, aunque las recuerden siempre. Éste es uno de los hilos de los que ha tirado Gustavo Martín Garzo para escribir 'Mi querida Eva' (Lumen), una obra que busca el sentido en el amor y en la adolescencia, y cuyos protagonistas, Daniel y Eva, se encuentran décadas después de un verano agitado y memorable.

-El reencuentro con una persona con la que pudo haber una relación, ¿no es una fantasía?

-Sí, lo es, porque en cada uno de nosotros hay un montón de historias incumplidas y deseos insatisfechos, ensoñaciones que no terminaron por fraguar. La literatura es una manera de dar cumplimiento a todo aquello que quedó por vivir, y eso requiere fantasía.

-Los protagonistas de la novela, sobre todo la mujer, recuerda la adolescencia como una época feliz y libre.

-El adolescente y el niño viven en el mundo de la posibilidad. Todo está abierto, y entras en el terreno de lo inesperado. Me gusta la adolescencia porque la vida está entonces llena de promesas. Es un momento muy hermoso. Luego la vide te va cerrando puertas y parece que la persona adulta sólo puede esperar lo que está escrito de antemano.

-Eva Arrizabalaga, el personaje de su libro, vive en Las Arenas, y tiene una aventura, en una verbena, con unos gemelos frente a Altos Hornos. ¿Qué significa todo eso?

-Es un momento de libertad, dentro de una adolescencia oprimida por la religión y las reglas de las familias burguesas. En la década en la que se sitúa el libro, los sesenta, existían esos momentos para escapar y vivir de la manera que te prohibían. Eva se lía con dos chicos iguales y ella lo vive con fascinación, como si descendiera al bosque de los cuentos. Rompe las barreras de clase social, los tabúes que están constriñendo tu vida.

-Luego se casa con un joven del Opus.

-Quería subrayar el carácter restrictivo de la religión. Porque Eva, al fin y al cabo, es católica. La religión ha condicionado mucho nuestra vida. Pero yo me atrevería a decir que no sólo para mal. A mí, su aspecto dogmático me parece odioso. Sin embargo, hay otras aristas que tienen su encanto, porque aportan una dimensión poética vinculada con las ensoñaciones.

-¿Sin conexión con la realidad?

-No, porque la religión proporciona consuelo a mucha gente y le ayuda a enfrentarse a los grandes enigmas, a la pregunta por la muerte. Todo eso está en este libro, y en las historias de mi niñez, a las que recurro con frecuencia.

-¿Es el amor el gran tema de su obra?

-Los amantes hablan en un idioma desconocido para ellos, sorprendente e intenso. Luego, una vez que ha pasado ese hechizo, olvidamos ese lenguaje, pero recordamos que ha existido, que nos dijimos cosas impronunciables más allá de ese instante. Es algo que llena páginas y páginas, que toca a jóvenes, adultos y ancianos. El momento amoroso proporciona la plenitud del sentido que vamos buscando.

La primera chica

-Pero hay gente que pasa el resto de su vida lamentando aquel hechizo, que le dejó ciego ante determinadas cosas.

-Entre la pena y la nada, Faulkner elegía la pena. Una vez que has vivido el amor, quieres que regrese y no sabes cómo hacerlo. Yo creo que esa búsqueda se debe a que tratamos siempre escapar a la vulgaridad.

-En 'La querida Eva' aparece mucho el boxeo.

-Era un deporte muy popular en los sesenta. Yo asistí a esas veladas que se cuentan en el libro. El boxeador pertenecía al mundo de la épica, pensábamos en él como un ser solitario que procedía de las clases humildes, y que hacía un esfuerzo sobrehumano para salir de la miseria. Era un héroe que buscaba la dignidad. La lucha en el 'ring' tenía una gran nobleza, porque estaba sujeta a unas normas. Un personaje de esta novela dice que lo brutal es la vida, porque también es una lucha, pero no hay reglas y te pueden atacar por la espalda.

-¿Por qué Eva es vasca?

-Aunque no es autobiográfica, me he servido en esta novela de elementos de mi adolescencia, la he situado de la ciudad que mejor conozco, Valladolid, y esa chica es vasca por el recuerdo de un verano que pasé en Castro Urdiales. Las mujeres de Bilbao me parecían todas guapísimas. Había una gran diferencia económica entre el País Vasco y Castilla. Las vascas eran más modernas, vestían bien...

-¿Y?

-Una de ellas me sedujo completamente y viví como una especie de pequeño romance con ella. No he contado eso en libro, pero físicamente sí he tenido en cuenta a esa chica. No soy muy dado a describir, ya que me gusta que el lector se imagine a los personajes, pero los pocos datos que doy responden a esa mujer. La recuerdo perfectamente, porque fue la primera chica que me gustó, mi primer amor. Sí, hay un pequeño homenaje a ese tiempo y a esa persona, de la que no he vuelto a saber.



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