Por segundo año consecutivo el TAU se presenta en la 'Final Four', un éxito al alcance de muy pocos clubes del concierto europeo. No sé qué será de nosotros el día en que por circunstancias propias del deporte nos veamos fuera de la cresta del baloncesto continental.
La final de Praga se hace más incierta que nunca. La marcha de ciertos jugadores a la NBA la iguala. Elementos tan importantes como Jasikevisuis y Calderón faltarán a la cita y desgraciadamente no han sido sustituidos por otros de similar brillo.
Rusos e israelíes llegan con una ventaja añadida; sus competiciones nacionales son mucho menos exigentes. Han tenido más días para la preparación y sus reservas tanto físicas como mentales serán mayores. Cada día es más urgente racionalizar los calendarios de la Liga ACB con el objetivo de que nuestros clubes lleguen con las mayores garantías a la fiesta europea.
El TAU no va como favorito. El riesgo de jugar toda la temporada con un solo base de garantías -Prigioni-, que en cualquier momento puede quebrarse, es un riego para esta competición. El club ha querido solucionar el problema con el americano Chalmers, pero hasta ahora su aportación no ha sido efectiva. El resto de nuestro grupo sigue siendo fiable. Lo ha demostrado tantas veces que hay que tener muy en cuenta ese espíritu en un día inspirado. Esto nos permite concederles el derecho de la duda.
Ivanovic y su Barça tienen gran mérito, pero tampoco se les puede catalogar como favoritos. La precipitación en la configuración del equipo y una cierta debilidad en el juego interior les impide tener la solidez necesaria. Por otro lado, su base Williams no es el prototipo de director de juego que a Dusko le gusta. Llegar a esta fase final con opciones sin tener el equipo apropiado merece ser destacado.
Escarmiento
Después del fracaso del año pasado, cuando todo estaba preparado para que fuera campeón, el CSKA vuelve a intentarlo y otra vez con muchas opciones. La sustitución de Dusan Ivkovic por Ettore Messina les ha dado un punto de seguridad defensiva para conseguir el gran título. El año pasado pecaron de prepotencia y ese fracaso les habrá puesto en la realidad. Estarán escarmentados y si no son más favoritos es por la determinante baja de su pívot titular David Andersen.
Los campeones del Maccabi vienen con todo el poderío. Triplicarán en seguidores a cualquiera de los otros participantes; tienen buenos jugadores en todas las posiciones y grandes recursos tácticos. Pero han perdido al jugador más ganador que ha dado Europa desde la marcha de Sabonis. La falta de Jasikevicius les baja del cielo convirtiéndoles en simples favoritos de un pronóstico con muchas posibilidades de error.
Nosotros los vitorianos vamos a Praga a pasarlo bien. Ya ganamos la Copa del Rey en Madrid y si en este fin de semana conseguimos el gran éxito tocaremos el cielo con las manos. De lo contrario, lo habremos visto desde muy cerca y seguiremos disfrutando de los éxitos del Baskonia.