Gamesa cerró ayer la venta de su división aeronáutica a un grupo empresarial liderado por la Caja Castilla-La Mancha, en el que también participará el ex-consejero delegado de la empresa vasca Ignacio López Gandásegui. En este compra pujaba también un consorcio liderado por Caixa Catalunya.
La presencia de una caja de ahorros ajena al País Vasco como nuevo socio de referencia de la firma ha abierto numerosas dudas sobre el futuro de su actividad industrial en Euskadi. «A corto plazo -señalaban ayer fuentes cercanas a la operación- no hay riesgos sobre el mantenimiento de las factorías ubicadas en álava, pero no cabe duda de que la Caja de Castilla-La Mancha, con el respaldo de su Administración autonómica, jugará fuerte en el futuro para desarrollar en esa comunidad los nuevos proyectos de expansión».
Las acciones de Gamesa Aeronáutica -un conjunto de empresas con nueve centros productivos, cuatro de ellos en el País Vasco; una plantilla de 2.650 trabajadores y una facturación anual de 313 millones de euros- serán adquiridas por el nuevo grupo por tan sólo 45 millones de euros. En la actualidad, está inmersa en el desarrollo de importantes programas de construcción de aviones para la compañía brasileña Embraer, así como en un helicóptero del fabricante norteamericano Sikorsky.
De salida
Con esta operación, Gamesa abandona por completo su actividad en el sector aeronáutico, que arrancó con fuerza en el inicio de los 90, para concentrar sus esfuerzos en el desarrollo de la energía eólica tanto en la promoción de parques de generación como en la construcción de equipamientos.
Los actuales socios de referencia de la compañía, la Corporación IBV -participada al 50% por Iberdrola y el BBVA- llevaban años intentando vender esta división que ya no encajaba en sus planes de futuro. El negocio aeronáutico requiere cuantiosas inversiones, que se recuperan tras un larguísimo periodo de maduración; y en los actuales propietarios prima más la orientación financiera de los negocios que la vocación industrial. Además, tras el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, el sector de la construcción aeronáutica sufrió un claro retroceso, que ha complicado aún más la rentabilidad de estas empresas en el corto y medio plazo.
Rediseño
Algunos analistas consideran, incluso, que la foto final de Gamesa aún no está dibujada y que la venta de su actividad aeronáutica no es sino un punto intermedio. La cotización bursátil de la empresa en los últimos meses es un claro indicativo de que el mercado financiero, además de anticipar la venta anunciada ayer, baraja muchas opciones. Los títulos de la compañía, que ayer cerraron a 17,63 euros, se han revalorizado nada menos que un 43% desde la primera semana de enero.
El bajo precio pactado para la venta de la totalidad de las acciones demuestra el escaso interés económico que tenía para Gamesa esta actividad. En el pasado ejercicio el grupo ya anotó en su cuenta de resultados unas provisiones de 60 millones de euros, anticipando así la minusvalía que se iba a producir con la venta de su filial. Desde el punto de vista de la 'estética financiera', la operación va a tener importantes beneficios para el balance consolidado del grupo, ya que le permitirá eliminar de un plumazo los 315 millones de euros de endeudamiento que figuraban en el pasivo de su filial.