Bajo la tremenda presión política provocada por los graves efectos de la subida del petróleo en la mayor economía del mundo, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush -cuyo respaldo popular avanza en dirección contraria a los precios de la gasolina-, anunció ayer una estrategia de emergencia para hacer frente a la disparada factura energética del gigante americano. El plan incluye suspender hasta el próximo otoño las aportaciones de petróleo a la reserva estratégica de EE UU a fin de lograr que haya más crudo en el mercado y que, en consecuencia, bajen sus precios.
Junto a esa medida, el Gobierno norteamericano también relajará las regulaciones medioambientales y rescindirá las ventajas fiscales de empresas petroleras que estos días están acumulando beneficios récord.
La noticia tuvo ayer consecuencias casi inmediatas. El barril de Brent, la referencia en Europa, rebajó su precio hasta los 72,65 dólares, muy por debajo de los 73,84 del día anterior y lejos del récord de 74,79 dólares que marco el pasado viernes. Mientras, el crudo 'Texas' registró un descenso aún más sustancial. Se situó en 72,55 dólares, frente a los 73,95 del lunes y los 75,35 de la pasada semana.
Aunque en Estados Unidos los precios alcanzados por la gasolina son todavía relativamente más baratos que en otros lugares del mundo -más de tres dólares por galón de regular o unos dos euros y medio por 3,7 litros-, se están situando en niveles históricos. La Casa Blanca se está viendo políticamente responsabilizada por estas subidas especialmente impopulares en una sociedad totalmente dependiente del automóvil. Pero el margen de maniobra de la Administración Bush es bastante limitado frente al disparado consumo veraniego, por mucho que el presidente haya vuelto a reiterar que «nuestra adicción al petróleo es una cuestión de seguridad nacional».
Advertencia
En un discurso ante la Asociación de Combustibles Renovables en Washington, grupo que defiende fuentes de energía alternativas, Bush recalcó ayer que no piensa tolerar manipulaciones y especulaciones con el precio de la gasolina. Esa declaración contrasta con los beneficios sin precedentes acumulados por las empresas petroleras como Exxon, que el año pasado rompió todos los récords al embolsarse 36.100 millones de dólares.
En ese contexto es en el que Bush confirmó la dramática decisión de que el Departamento de Energía no siga aportando crudo a las reservas estratégicas de Estados Unidos, creadas tras el embargo petrolero de los años setenta como barrera preventiva ante posibles disrupciones en el comercio de esta materia primera básica. Estos depósitos en gigantescas cavernas de sal situadas a lo largo de las costas del Golfo de México se encontrarían con una capacidad en torno a los 700.000 millones de barriles pese a las dificultades y mermas experimentadas tras los huracanes 'Katrina' y 'Rita'. Según Bush, «retrasando depósitos hasta el otoño, dejaremos más petróleo en el mercado». Con todo, reconoció el impacto limitado de esta medida frente al incremento del 31% experimentado por la gasolina en el plazo de un año.
En España, los dos tipos de gasóleo existentes sumaron ayer medio céntimo a sus precios y marcaron su cuarto máximo consecutivo . Repostar un litro de diesel costó 0,994 euros de media.