No es ciencia ficción, es política italiana: Giulio Andreotti, un pedazo de historia del país, y no siempre de la mejor, es a sus 87 años el candidato de Berlusconi para presidir el Senado. Es la mejor idea que se la ha ocurrido a 'Il Cavaliere' para intentar robar la exigua mayoría que Prodi posee en esta Cámara, sólo dos escaños. Tiene su base, porque hay tantos democristianos repartidos a derecha e izquierda que quizá, ante la aparición del totem sagrado, olviden sus filiaciones actuales y se despierte en ellos el 'chip' latente de fidelidad a la causa, bajo el pretexto del consenso.
La legendaria DC dominó la política italiana durante más de 40 años, hasta que la gran operación contra la corrupción 'Manos Limpias' la barrió del mapa en 1992, junto a los socialistas. Muchos de sus miembros se retiraron de la vida pública, pero otros tantos se reciclaron. El resultado es que uno se los encuentra por todas partes, además de en la UDC de Pierferdinando Casini, heredera directa que ha aglutinado los pequeños partidos en que se había dividido y que en estas elecciones ha doblado sus votos. Prodi, sin ir más lejos, es un ex ministro democristiano y presenta a otro, Franco Marini, de 'sólo' 73 años, como aspirante a presidir el Senado.
En tiempos inciertos, el estilo político del 'compromesso' con el adversario, que la DC elevó a categoría de arte, vuelve a reverdecer. De hecho, el ajustado margen de escaños ha dado nuevo protagonismo a los senadores vitalicios, entre los que se hallan popes democristianos como Cossiga, Colombo o Scalfaro y el propio Andreotti. Como muchas de las gerontocracias italianas, controlan aún resortes de poder y suelen tener tal cantidad de dossieres en el cajón que se les venera con pleitesía. Por ejemplo, no hubo político que no defendiera indignado a Andreotti cuando en 2003 fue condenado por ordenar el asesinato de un periodista y luego por asociación mafiosa, aunque es verdad que después fue absuelto en ambos casos.
Trampolín
La votación para elegir el presidente del Senado se celebrará el viernes y está dando qué hablar porque será la primera prueba de fuego de la raquítica mayoría de Prodi. Si Berlusconi le arruina el examen, empezará mal. En teoría, el líder de La Unión tiene 158 escaños frente a 156, pero debe contar con los siete senadores vitalicios, entre los que espera sacar un 5-2. Además, en Italia se toman muy en serio lo de la presidencia del Senado, porque sobre el papel es el segundo cargo del Estado y quien pilla el puesto ejerce como tal. Suele ser trampolín para cotas más altas, como la presidencia de la República, y más allá de poner orden en las sesiones, en realidad sirve para abrir las puertas de cenas, actos sociales y demás privilegios. Es una de las cumbres de la explotación personal de la poltrona, una rémora de la vieja política. Y en eso los democristianos son los amos. Hay dos ejemplos de libro, uno por cada bando. Clemente Mastella, que cambia de caballo a conveniencia, se subió esta vez al de La Unión, visto que parecía el vencedor (aunque por poco se equivoca). Con su 1,4% de votos, un vivero de incondicionales minúsculo pero suficiente para vivir, ha exigido ser ministro de Defensa. Del otro lado está Gianfranco Rotondi, el que logró quedarse con el nombre DC. Apenas ha logrado un 0,7% de votos, pero ya anda pidiendo la presidencia de la comisión de vigilancia de la RAI.