El dirigente de Batasuna Xabi Larralde plantea un modelo de 'proceso de resolución del conflicto' específico para el País Vasco francés, no exclusivamente abertzale e integrador de otras sensibilidades políticas, en busca de un marco de reconocimiento institucional para someterlo a referéndum, a imagen de la experiencia vivida en Córcega. La isla mediterránea, único territorio de Europa occidental con actividad armada de signo secesionista, rechazó hace tres años en una consulta popular la ampliación consensuada de su autonomía pese al apoyo de los independentistas.
En un artículo de opinión publicado ayer por 'Le Journal du Pays Basque', Larralde expone que la futura discusión sobre Iparralde en una hipotética mesa de partidos «no es totalmente idéntica» ya que el punto de partida es diferente. «Vascongadas y Navarra están dotadas de estatutos de autonomía mientras que Ipar Euskal Herria no disfruta de ningún reconocimiento institucional», constata antes de preconizar «un acuerdo entre un máximo de sensibilidades en torno a un marco político nuevo» a este lado de la frontera.
El portavoz de Batasuna en el País Vasco francés aboga por evitar que el ejercicio sea sólo independentista «garantizando la integración de sensibilidades que rebasen muy ampliamente nuestro círculo». Para vencer las reticencias de «partidos o movimientos no abertzales del País Vasco Norte que serían escépticos» observa que el proceso «es similar en sus grandes líneas a lo que pudo pasar recientemente en el caso de Córcega».
Estatuto corso
El dirigente vascofrancés de la mesa nacional recuerda que la elaboración del nuevo estatuto de autonomía corso «había sido objeto de negociaciones entre sensibilidades políticas diferentes». Pero omite precisar que el texto fue rechazado por escaso margen en las urnas (50,98% de noes) el 6 de julio de 2003 aunque contaba con el respaldo tímido («el 'sí' pese a todo») de los secesionistas, que respondieron con bombas al poco de finalizar el escrutinio.
A juicio de Larralde, «el Gobierno francés sabe que él también deberá inscribirse en una solución de paz si Madrid da pasos» pese a considerar oficialmente que el problema es estrictamente español. «Más allá del campo represivo, todo lo que está en juego es llevar al Gobierno francés al terreno del reconocimiento político de la identidad vasca», sentencia Larralde en su artículo.