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Miércoles, 26 de abril de 2006
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SOCIEDAD
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El pensamiento lateral
Para reestructurar la manera 'convencional' de reflexionar, hay que recurrir a una técnica que se apoya en tres funciones mentales: la perspicacia, la creatividad y el ingenio
El pensamiento lateral
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Aunque el acertijo es sencillo, hay personas a quienes cuesta trabajo dar con la solución. Un perro atado a una cuerda de tres metros de largo tiene la comida a cinco metros de distancia. ¿Cómo es posible que el perro la alcance sin romper su atadura? A primera vista puede parecer un enigma irresoluble. Pero si usted es de los que responde inmediatamente que la cuerda está suelta por el otro extremo, no es que sea más inteligente sino que tal vez haya usado el «pensamiento lateral».

A veces los mayores escollos para la resolución de los problemas que se nos presentan provienen de la rigidez de nuestra mente, acostumbrada a actuar conforme a pautas preestablecidas y siguiendo caminos trillados. Lo obvio no siempre es lo más fácil de ver. Somos animales pensantes capaces de enfrentarnos a situaciones de la máxima complejidad con el auxilio de la lógica y del raciocinio, pero al mismo tiempo temerosos de echar a volar las ideas en busca de fórmulas originales aunque sean más simples que aquellas a las que estamos habituados.

La noción de «pensamiento lateral» ('Lateral thinking') fue acuñada en el último tercio del pasado siglo por Edward de Bono para diferenciarla del «pensamiento vertical» o lógico. Según De Bono, la mente tiende a crear modelos fijos de conceptos que resultan útiles en muchas situaciones, pero que en otras limitan la asimilación de nueva información. El pensamiento lateral reestructura los modelos viejos mediante básicamente tres funciones mentales: la perspicacia, la creatividad y el ingenio. Pero no se trata de confiar a estas facultades la intervención espontánea. El pensamiento lateral es una técnica que debe adquirirse para poder emplearla de forma deliberada y consciente.

Soluciones originales

Ya en torno a 1950, el psicólogo estadounidense Joy Paul Guilford había propuesto la diferenciación entre «pensamiento convergente» y «pensamiento divergente». El primero se guía por respuestas convencionales buscando una solución única que suele venir dada por la experiencia, la tradición o la lógica. Por el contrario, el pensamiento divergente opera en varias direcciones hasta dar con soluciones flexibles, nuevas y originales que no tienen por qué ser una sola. El planteamiento de De Bono desarrolla y amplía la idea guilfordiana del pensamiento divergente, que, según él mismo reconoce, no es tanto una alternativa del convergente como un complemento suyo.

Todo depende de los problemas a los que nos enfrentemos. El pensamiento vertical es, dice De Bono, el indicado para afrontar aquellos que requieren más información de la que se posee, sabiendo que tal información puede conseguirse por algún medio. Si tenemos que salir de viaje rumbo a un lugar desconocido, carece de sentido poner a trabajar la creatividad para que busque la ruta: basta con consultar un mapa o acercarse a una agencia de viajes. En cambio hay otros problemas que no necesitan más información, sino una reordenación o reestructuración de la ya disponible. El pensamiento lateral se convierte entonces en una herramienta eficaz para encontrar la luz en medio de ese túnel en que a veces creemos estar metidos por falta de flexibilidad mental o de imaginación suficiente para salir de él. En un tiempo como el nuestro, donde la información en todos los órdenes de la vida circula en grandes cantidades, empiezan a ser más frecuentes los problemas de esta última categoría.

No hay que tener miedo al pensamiento, aconseja De Bono. Cualquier idea, hasta la más descabellada, puede ser útil en un momento determinado. Quienes creen disponer de respuestas para todo son los menos capacitados para afrontar realidades nuevas, porque actúan al dictado de patrones anquilosados. Cuando el camino 'recto' de la lógica no nos lleva a la meta pretendida, el pensamiento intuitivo puede descubrirnos 'atajos' inesperados.

Seis sombreros

El modelo creativo que propone De Bono se ha ido enriqueciendo en los últimos años con propuestas de distinto tipo, en su mayor parte orientadas al terreno empresarial. La última de todas está contenida en su libro 'Seis sombreros para pensar', donde establece un proceso de seis fases para el análisis de las situaciones y la búsqueda de respuestas. Cada sombrero, de un color, es el punto de vista que debe adoptar sucesivamente el grupo (en una reunión, por ejemplo) o el individuo. El sombrero blanco representa la recogida de información y la aportación de datos que describan el caso. Tras él viene el rojo, que corresponde a las emociones, los sentimientos, las intuiciones y las reacciones subjetivas. A continuación hay que ponerse el sombrero negro que permite ver los inconvenientes y las pegas de la situación. Acto seguido, corresponde al sombrero amarillo aportar los aspectos positivos, los optimistas, las ventajas de cada idea o sugerencia.

Pero a partir de ahí es cuando interviene el quinto sombrero, el del pensamiento lateral propiamente dicho, al que De Bono adjudica el color verde. Es la oportunidad de expresar nuevos conceptos, iniciativas originales, posibilidades creativas. Hay que dar cabida incluso a aquello que pudiera parecer ajeno al tema (como en el conocido método de la 'brainstorming' o «tormenta de ideas»), buscando asociaciones mentales insólitas, rompiendo estereotipos e ideas preconcebidas, dando rienda suelta a la imaginación. No se trata de introducir el caos en el proceso de análisis, sino, por el contrario, de liberar a éste de las posibles ataduras que le impedían avanzar. Por eso el método concluye con un sexto sombrero, el azul, donde de nuevo entra en acción el pensamiento vertical para asimilar todo lo anterior con perspectivas nuevas y al mismo tiempo con rigor y con criterio sistemático.

Como observó George Bernard Shaw, algunas personas miran al mundo y dicen ¿por qué?, mientras que otras miran al mundo y dicen ¿por qué no? Esta última actitud es la propia del pensamiento lateral. Tal vez no sea la panacea de todos los males ni aporte soluciones a todos los problemas. Pero se trata de un recurso con el que conviene estar familiarizado para poder tenerlo a mano cuando lo fácil parece difícil y la pereza, la costumbre o la ofuscación nos impiden ver lo que tenemos delante de nuestras propias narices.



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