Fue en habitaciones de hoteles de cinco estrellas donde se alojaron los 17 perros que acompañaban al presidente norteamericano, George Bush, durante su visita a Nueva Delhi, capital de un vastísimo país donde la vida es perra, muy perra para un porcentaje enorme de la población, no precisamente al modo de vida regia de los perros de Washington. Los labradores y pastores alemanes de los servicios secretos de Estados Unidos disfrutaron como auténticos maharajas del confort del 'Meridien' y del 'Sheraton' y no sólo gozaron los canes de lujo asiático en todos los pormenores de su estancia, también el personal del servicio se dirigía a los agentes caninos por su grado, sargento o teniente. Una animalada del tamaño del Empire State. Convengamos como decía Elliot en que los animales son amigos que realmente convienen: no preguntan, no piden y no critican. Si pudieran preguntar los animales sobre actuaciones que a costa de su imagen y en su nombre se perpetran desde los albores de la humanidad serían los hombres los que se quedarían mudos, sin habla y sin posibilidad de respuesta.
Por qué me cambian la dirección del trote, preguntaría atónito el caballo que adorna la bandera de Venezuela que ya no galopará a la derecha sino hacia la izquierda por decisión de Hugo Chavez y la bendición del Parlamento, tras alegar que el blanco corcel de la enseña patria es un caballo frenado, que se ha puesto a mirar al pasado, hacia atrás... un símbolo reaccionario. Bestial declaración de un autócrata desbocado que toma el significado de la heráldica a su antojo. La Prensa de la vecina Colombia respondió a la estrambótica medida tranquilizando a los lectores y sostenía con sarcasmo que no existen razones para pensar que Uribe vaya a torcerle el pico al cóndor del escudo nacional que mira a la diestra desde un principio.
Si los animales pudieran pedir es probable que aunque irracionales tendrían un límite en apetitos en que a pesar de la racionalidad los humanos nos mostramos insaciables. Y si pudieran criticar los animales, pongamos por caso los monos, evolucionaría el color de nuestra piel hacia un intenso rojo-sonrojo, igual que el color del culo de determinados macacos.