 EUFORIA. Los jugadores del Barcelona explotaron de felicidad al sonar el pitido final de un partido en el que no pudieron respirar tranquilos ante un Milan siempre peligroso. / REUTERS |
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| LA FICHA |
0-0 Alineaciones
Barcelona: Víctor Valdés; Gio, Rafa Márquez, Carles Puyol, Belletti; Edmilson, Andrés Iniesta, Deco; Giuly (Larsson, min. 67), Ronaldinho y Eto'o (Mark Van Bommel, min. 88).
Milan: Dida; Stam, Costacurta (Cafú, min. 64), Kaladze, Serginho; Gattuso (Rui Costa, min. 67), Pirlo, Clarence Seedorf, Kaká; Inzaghi (Gillardino, min. 79)y Andrey Shevchenko.
Árbitro
Markus Merk. (Alemania). Amonestó a Costacurta (min. 44), Edmilson (min. 90)
Incidencias
95.661 espectadores en el Camp Nou. Esta asistencia es la tercera mayor que ha tenido el coliseo azulgrana en la presente campaña después de las visitas del Real Madrid (en Liga) y del Chelsea (en la Liga de Campeones).
Estadística
BARÇA MILAN
TIROS A PUERTA 7/14 1/12
TIROS FUERA 4/14 9/12
INTERV. DEL PORTERO 11 18
PARADAS PORTERO 1 7
CORNERS 3 2
JUGADAS DE ATAQUE 118 114
JUGADAS EN EL ÁREA 7 2
FUERAS DE JUEGO 0 3
BALONES PERDIDOS 79 77
BALONES RECUPERADOS 60 57
FALTAS COMETIDAS 21 25
TARJETAS AMARILLAS 1 1
POSESIÓN 48% 52% |
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París espera al Barça. El equipo azulgrana supo sufrir ante un buen Milan para hacer valer el resultado de la ida e intentará sumar ante el Arsenal su segunda Liga de Campeones el próximo 17 de mayo. No fue nada fácil aguantar las acometidas de los italianos, muy ordenados e incisivos en ataque en la segunda parte.
El Barcelona intentó ejercer en el primer tiempo el fúbol control que ya sacó a relucir frente al Chelsea en el Camp Nou. Quiso dormir el balón y tenerlo el mayor tiempo posible para obligar al Milan a adelantar sus líneas y aprovechar los espacios. Pero los italianos no funcionan igual que los ingleses. La presión del equipo de Ancelotti es de un nivel superior y permanente, amparada en una capacidad física descomunal. No podía el Barça moverse con comodidad y recurrió muchas veces a Valdés para alejar la pelota de su área. El choque se convirtió entonces en un cruce de golpes: arranques fugaces, destellos intermitentes y ocasiones de gol. Por momentos fue un correcalles, un desarrollo que para nada interesaba a los azulgrana.
En principio debía ser Deco el encargado de hibernar el partido, de tocar, tocar y tocar hasta encontrar la oportunidad deseada. Sin embargo, no tuvo su día. Fue entonces cuando emergió la figura de Iniesta, inconmensurable en todo lo que hizo. Levantó el pie del acelerador cuando había que frenar; lo apretó a tope cuando hubo opción de coger desprevenida a la defensa; se ató el balón a la bota para mantener la posesión. Fue, la suya, una demostración de pundonor y clase que poco a poco empezó a guiar al Barcelona y a enseñarle caminos que hasta ese momento estaban cortados. El manchego metió en el partido a Eto'o, fue el complemento perfecto para Ronaldinho, hizo correr a Giuly con criterio y ayudó siempre que pudo a un Gio cuya tendencia natural a irse desde la izquierda al centro dejó muchos agujeros por su banda.
Espaldas cubiertas
Tampoco el Milan planteó de inicio el encuentro que anunció la víspera Clarence Seedorf, quien aseguró que su equipo saldría a ganar sin complejos. Tuvo oportunidades, sí, pero, a diferencia del Barça, no llegaron del juego colectivo, sino de la gran calidad individual de algunos de sus futbolistas. No elaboraron. Se limitaron a tener las espaldas bien cubiertas para buscar a sus hombres rápidos cuando el Barça, en su afán por marcar, dejaba la defensa desguarnecida.
En la segunda parte la decoración cambió por completo. Los italianos salieron con más mordiente. Los aficionados del Camp Nou se dieron cuenta y animaron sin descanso a los barcelonistas, que habían dado un pasito atrás para defender con orden las llegadas milanistas. También se percató Rijkaard, que, como ya hiciera frente al Chelsea, adelantó a Ronaldinho para ver si sacaba algún conejo de su chistera. El brasileño volvió a dejar claro que nunca se esconde, que siempre aparece cuando más le necesitan.
De su magia surgieron tres pases soberbios, dos de ellos prodigiosos, a Giuly. En una de estas jugadas llegó la mejor ocasión del Barça. El francés entró por la banda y le dio el pase de la muerte a Belletti, que incomprensiblemente no acertó a rematar cuando tenía todo a su favor. Pero el único gol que se marcó ayer lo anotó el Milan. En un despiste inexplicable de Puyol, que al tratar de rectificar la posición perdió el equilibrio y cayó. Shevchenko, hasta ese instante desaparecido en combate, remató de cabeza a las mallas. El árbitro pitó falta del delantero -sólo la vio él- y alivió la angustia que ya inundaba las gradas.
El Barcelona sufría, pero el partido empezó a morir lentamente. Iniesta volvió a coger la manija y lo acunó a su antojo hasta el descuento. Cuando Markus Merk pitó el final, el campo fue un clamor. «¿Sí, sí, sí, nos vamos a París!», gritaban los aficionados. Ahora toca rematar la faena ante el Arsenal en la ciudad de las luces. De los subcampeones nadie se acuerda.