Carlos Gurpegui es un futbolista de raza. En escasos quince días, ha pasado por la mesa de operaciones en tres ocasiones. Una para reducir la fractura de mandíbula que se produjo ante el Mallorca. Y por partida doble para desterrar las dolorosas molestias de pubis que le han atormentado durante la campaña. Ayer, apenas 48 horas después de la segunda intervención, estuvo en San Mamés. Entero. «Han sido quince días un poco duros, pero ha salido todo bien y casi no tengo dolor», desveló el navarro, que regresó el martes por la noche de Múnich.
Y ya ha empezado a curar sus heridas. Ya piensa en volver. «Tengo ganas de hacer poco a poco alguna cosilla», confesó. Pero deberá esperar. El primer paso será quitarle los puntos. «Después haré un poco de bicicleta y cuando pueda correré», apuntó el de Andosilla, que aún no puede comer casi nada sólido tras el golpe en la mandíbula.
Gracias a Dios
De hecho, se le ve un poco más delgado. «Estoy con sopas, purés y un poco de pescado porque no puedo masticar mucho», describió. Y es el que el choque con Lafuente fue brutal. Gurpegui, incluso, se asustó al observarlo por la televisión. «Después de ver fotos y ver la jugada tengo que dar gracias a Dios de que sólo ha sido eso», reconoció.
Horas más tarde de retirarse del campo en camilla, llegó el varapalo. Cuando le dijeron que no iba poder jugar más esta campaña. «Fue el peor momento. Fue lo más duro a nivel psicológico. Me dio bastante rabia», confesó el navarro después de haber dado las gracias por los apoyos recibidos: «Es cuando ves que la gente te quiere».