Tiene razón Zapatero cuando tacha de «prematuro» el tremendo acoso del PP sobre Montilla, pero acierta Rajoy al calificar de varapalo la mera suspensión del acuerdo adoptado por el Consejo de Ministros. De momento, no sabemos cuál es el razonamiento que ha llevado al Tribunal Supremo a adoptar una medida tan sonoramente contraria a la acción y los deseos gubernamentales, pero entre él y la Comisión Europea han llevado el asunto hasta extremos que pueden convertirse en irresistibles. Los planes del trío Gas Natural-La Caixa-Montilla se han complicado mucho y para que se hagan realidad necesitan conjugar dos ingredientes complicados de obtener: que triunfe la OPA lanzada por Gas Natural y que fracase la contestación emitida por E.on.
La primera parte se enfrenta a serias dificultades. La ha autorizado el Gobierno y le ha dado el visto bueno la Comisión Nacional de la Energía (CNE), pero tiene la oposición del Tribunal de Defensa de la Competencia, se ha atascado en un juzgado de lo mercantil de Madrid y ha sido suspendida por el Supremo. Si su situación judicial es mala, la mercantil es horrorosa, pues su oferta ha quedado totalmente desfasada una vez que E.on cuantificó la suya. La segunda parte está también muy cruda. La opinión de la Unión Europea no es vinculante y, si el Gobierno se empeña, acabará vetando la oferta alemana; pero será a costa de un desgaste tremendo y de una brutal pérdida de imagen. ¿Qué razones podrá aducir para impedir una operación que la UE encuentra impecable? Además, conviene recordar que deberá hacerlo una CNE habilitada para ello gracias a una norma chapucera y precipitada que se 'transfiguró' en el corto camino recorrido entre el Consejo de Ministros y el BOE.
Demasiada complicación, demasiada improvisación, demasiada arbitrariedad. Demasiados obstáculos. Esto no acaba bien para nadie.
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