Madelaine Albright, Joshka Fischer, Jozias van Aarsten, Bronislaw Gemerek, Hubert Védrine y Lydia Polfer --ex ministros de Exteriores de Estados Unidos, Alemania, Países Bajos, Polonia, Francia y Luxemburgo, respectivamente-- pidieron ayer al presidente estadounidense, George W. Bush, que hable con el régimen iraní y prime la «valiente opción no militar» en el asunto del programa nuclear de Teherán. El llamamiento se produce cuando expira mañana un ultimátum de la ONU que urge a Irán a suspender el enriquecimiento de uranio.
En un artículo conjunto publicado en el 'International Herald Tribune', los firmantes encuentran «inquietantes» las informaciones de que la Administración Bush «pueda estar planificando activamente el lanzamiento en breve de ataques militares contra posibles instalaciones de armas nucleares en Irán».
Aunque el Gobierno estadounidense ha negado la veracidad de dichas informaciones, provocan «alarma» a juicio de los autores ya que manifestaciones y desmentidos similares precedieron a la decisión de Washington de invadir Irak en 2003.
Consideran que un empleo unilateral de la fuerza por parte de Washington encontraría «poco apoyo» en Europa y «minaría aún más las relaciones transatlánticas» justo cuando Occidente se está recuperando de las divisiones que creó la invasión del Irak. «Desde luego, Rusia y China se opondrían a unas medidas de ese tipo. Incluso estrechos aliados de EE UU en Asia e Iberoamérica presentarían objeciones a una acción militar estadounidense en las actuales circunstancias», advierten.
Señalan en el artículo que Turquía, Egipto y otros países vecinos «temiendo las consecuencias a largo plazo para su seguridad de un Irán aún más radicalizado, tendrían nuevas razones para perseguir sus propios programas nucleares».
Riesgos
Los ex ministros hacen hincapié en que los riesgos potenciales de emplear la fuerza son «suficientemente graves» para que insten en su lugar a Estados Unidos a que intente «primero la valiente opción no militar». Creemos que «la Administración Bush debe seguir una política que ha estado rechazando durante años: intentar negociar directamente con los dirigentes persas sobre su programa nuclear», concluyen los ex ministros.