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Jueves, 27 de abril de 2006
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POLÍTICA
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OPINIÓN/Unanimidad
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La vivencia de la espiral, de la dialéctica acción-represión-acción como nutriente y cohesionador de un mundo cerrado, genera una presión interior que siempre requiere alguna válvula de escape para que no estalle. El activismo terrorista es una de sus manifestaciones. Pero en los momentos de tregua o alto el fuego la válvula tiende a ser más verbal. Es la válvula de las advertencias, de la aparición de nuevas reivindicaciones o de la sublimación de las tradicionales. Tras el anuncio de la tregua de septiembre de 1998 la izquierda abertzale simultaneó el mantenimiento de la kale borroka con la insistente reivindicación de la integridad territorial de Euskal Herria y los inéditos emplazamientos al Estado francés. También en esta ocasión la denuncia de la «represión» y los avisos públicos al Gobierno de Rodríguez Zapatero denotan la existencia de una presión interior que, aunque menor, ha vuelto a fijar su mirada en la integración navarra, sin duda valiéndose del clima pre-electoral en que comienza a vivir dicha comunidad. Esa presión interior podría manifestarse esporádicamente en forma de kale borroka. Ocurrió en Getxo, y la incógnita no es si el atentado obedeció a una orden expresa o si respondió a la actuación de unos incontrolados. La pregunta es qué mensaje interno les hicieron llegar a los encapuchados después de perpetrar el ataque.

ETA y la izquierda abertzale parecen empeñadas en preservar la unanimidad o el asentimiento general de sus bases. Mientras la opinión publicada se divida entre quienes ven la botella de la disposición pacificadora de Batasuna medio llena y quienes la ven a punto de vaciarse, sus dirigentes seguirán teniendo margen para contentar o silenciar a los más impacientes de su mundo. En la historia de la organización terrorista cada intento serio de desarme acabó en escisión. La búsqueda de la unanimidad ralentiza el proceso que vive la izquierda abertzale y conduce a mensajes ambivalentes, capaces de suscitar tanto indignación como esperanza en el resto de la sociedad. Pero la hipótesis de una ruptura en su seno no parece más alentadora, en tanto que nadie sería capaz de prever sus consecuencias.

La izquierda abertzale no va a ceder hoy en aquello que pueda ceder mañana. Es un requisito de la unanimidad. Y es la premisa fundamental sobre la que se gesta la agenda del pulso que mantendrá con el Gobierno de Rodríguez Zapatero y, en general, con el resto del arco parlamentario. En ese pulso la izquierda abertzale persigue recuperar la legalidad rebajando lo mínimo sus presupuestos de partida. En un principio le basta con eludir ante sus bases la imagen de la derrota. Siempre esperando desquitarse en mayo de 2007 con una representación institucional que compense en términos de poder local y de condicionante foral cuanto ceda en su «proceso de resolución».

k.aulestia@diario-elcorreo.com



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