Los bilbaínos pueden encontrarse por la calle, e incluso acercarse y tocar, a los seis nuevos perros de la Unidad Canina de la Policía Municipal, en fase de pruebas desde el pasado lunes y a lo largo de los próximos dos meses. Dentro de su período de adiestramiento, que comenzó en enero, los canes deben superar ahora la etapa de «sociabilidad», explica el responsable de la Unidad Móvil de Apoyo (UMA), Vene Almaraz, en la que deben «acostumbrarse al contacto con los ciudadanos».
Ayer por la mañana recorrieron los aledaños de la sede de la Diputación vizcaína, en la Gran Vía, donde, controlados por sus guías en todo momento, se dejaron hasta acariciar por algunos viandantes. «No haga ningún movimiento brusco», advertían los policías a los atrevidos. También visitaron por primera vez y en medio de la expectación el barrio de San Francisco, en concreto la plaza Corazón de María, que en el futuro será uno de los puntos de patrullaje habitual. Dos de los canes participaron el martes en la detención de un ladrón en una tienda de ropa en la calle Viuda de Epalza del Casco Viejo.
La guardia urbana adquirió esta nueva camada, -dentro de un contrato de compra, aprendizaje y manutención de 16 perros-, para «relanzar» una unidad que en los últimos años había perdido peso. Son cinco pastores belgas malinois, de entre catorce y 18 meses, tres de ellos hermanos, y un pastor alemán, de dos años y medio. El adiestrador, Jaime Hernantes, de una empresa con base en El Regato, optó esta vez por la raza belga, «mejor cuidada genéticamente», frente a los tradicionales pastores alemanes, que «suelen sufrir dislexia de caderas».
Entrega de la correa
Los perros siguen un proceso de selección desde que nacen. Para que un ejemplar pueda llegar a convertirse en perro policía ha de presentar un carácter «equilibrado» y «obediente». Ciro, Klein, Boss, Bogart, Erik y Brako se unen a los ocho animales veteranos de la unidad, algunos de ellos a punto de «jubilarse». Dos agentes-guías se encargan de cada can por turnos. Su base se ubica en el monte Kobetas.
«La entrega de la correa por parte del adiestrador al guía que va a adoptar al perro es un momento muy especial. Se produce una especie de agresión. La adaptación puede costar hasta dos meses, pero en este caso al día siguiente ya les pudimos quitar los bozales», explicaba ayer Almaraz a pie de calle.
«En junio estarán todos funcionando a pleno rendimiento», calcula el jefe de la Unidad Canina de Bilbao, cuando hayan completado los pasos de «adiestramiento, obediencia y ataque». Entonces, se adquirirá otra nueva remesa de tres o cuatro pastores belgas. Su misión será colaborar en los dispositivos especiales del Casco Viejo y Deusto -ya ensayaron en el control del macrobotellón en el parque de Etxebarria-, y acompañar a las patrullas por zonas conflictivas de la ciudad o en operaciones puntuales.