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Viernes, 28 de abril de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Un trabajo digno, un trabajo sin riesgos
El mundo del trabajo conmemora cada 28 de abril el Día Mundial sobre la Seguridad y la Salud en el Trabajo, una fecha que constituye una magnífica oportunidad para que se promuevan acciones que garanticen una mejor defensa del derecho a la salud y la vida de los trabajadores. En esta ocasión, la campaña propuesta por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) gira en torno a la dimensión social de la globalización y, en relación con ella, a la necesidad de prevenir los accidentes laborales mediante la creación de trabajos dignos realizados en condiciones seguras y saludables.

La OIT destaca la importancia de promover el empleo digno como factor central que permita que todas las personas puedan beneficiarse del fenómeno de la globalización. Parece claro, pues, que no se puede hablar de un trabajo digno si éste no está suficientemente remunerado, pero tampoco merecería el calificativo de digno si ese trabajo se realizara en condiciones de inseguridad o afectara, a corto o a largo plazo, a la salud y al bienestar del trabajador.

Soy consciente de que hacer prevención de la salud a largo plazo no es tarea sencilla (valoración de los riesgos, capacidad de ejecución, etcétera), pero su realización resulta indispensable si queremos evitar en un futuro la aparición de graves patologías debidas al uso de determinados productos, como en el caso del amianto. Así pues, desde el punto de vista de la prevención laboral, un trabajo digno debe ser un trabajo sin riesgo, que además debe respetar el derecho a gozar de un medio ambiente de trabajo seguro y saludable a todos los niveles.

En muchas ocasiones, la globalización de la economía puede exacerbar algunos de los factores que contribuyen a la incidencia de accidentes y enfermedades profesionales. Baste decir, por ejemplo, que la pérdida en el PIB mundial derivada de las muertes, las lesiones y las enfermedades en el trabajo es unas 20 veces mayor que toda la ayuda oficial destinada al desarrollo.

Estamos asistiendo a profundos cambios en el modelo del trabajo conocido hasta hace poco tiempo, lo que se traduce tanto en la fragmentación del ciclo productivo como en la pulverización del concepto tradicional de empresa. Su resultado está siendo la inadaptación o inadecuación de las normativas de riesgos laborales a estos nuevos sistemas y, por tanto, la ineficacia de la prevención en las empresas.

Podríamos decir a este respecto que, mientras la realidad de la empresa cambia a pasos agigantados, los mecanismos de protección del trabajador lo hacen muy lentamente. Por lo tanto, las estrategias sobre seguridad y salud en el trabajo deben partir de estas nuevas realidades y adaptarse a ellas. Éste es, a mi juicio, uno de los grandes retos que tenemos por delante. En el Departamento de Justicia, Empleo y Seguridad Social del Gobierno vasco y en Osalan hemos iniciado un nuevo proceso de reflexión abierto a empresarios, trabajadores, organizaciones sindicales y empresariales, técnicos de prevención, etcétera, cuyo resultado será el 2º Plan Director de Seguridad y Salud Laborales para el período 2007-2010. Y desde luego, en ese nuevo marco de reflexión vamos a tener muy presentes estas nuevas realidades y desafíos que nos deparan los nuevos tiempos.



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