El Correo Digital
Viernes, 28 de abril de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
OPINIÓN
CARTAS AL DIRECTOR
Pobres parientes
Decididamente, nuestros parientes no han tenido suerte con nosotros. No somos ni los más grandes, ni los más fuertes, ni los más ágiles. Pero hemos desarrollado un cráneo que nos permite imaginar perversos modos de explotarlos y hasta eliminarlos, como en las más refinadas 'familias' sicilianas. De ahí que una famosa exhibición del conjunto de nuestra familia colocara en su último cubículo, bajo un letrero que decía 'El animal más peligroso', y tras unos gruesos barrotes, sólo un enorme espejo. Presumiendo de tener más cabeza que nadie, en realidad vamos de cráneo, se nos cae el pelo. Porque en nuestra destructiva evolución llegamos a eliminar nuestro hábitat propiciando nuestra autodestrucción, que anticipamos en guerras cruentas o incruentas. Como la que estos mismos días presenciamos en España sobre el proyecto internacional de proteger, un poco al menos, a nuestros parientes más cercanos, más monos, más pacíficos, más equilibrados, si no más insensatamente 'listos' que nosotros. Ante tanta lamentable algarabía, tanta tontería, incluso entre los defensores de otros primates, sólo cabe recordar la frase de Oscar Wilde, que ojalá no resulte ser un premonitorio epitafio de nuestra especie: «Calificar al hombre de 'animal racional' es, al menos, la definición más prematura que conozco».



Vocento