Con ocho premios sobre diez nominaciones, entre ellos mejor película, director y guión adaptado, 'De latir mi corazón se ha parado' fue la gran triunfadora en la última gala de los César, los Goya del cine francés. Bajo el poético -y un punto cursi- título del cuarto largometraje de Jacques Audiard se esconde un 'remake' de 'Melodía para un asesinato', un filme estadounidense dirigido en 1978 por James Toback. No deja de ser una gozosa revancha que el cine galo, objeto de innumerables adaptaciones, sea, por una vez, quien firme una versión de Hollywood.
Audiard se ha tomado ciertas libertades respecto al original, protagonizado por un Harvey Keitel recién salido de las 'Malas calles' de Scorsese. Del submundo de la mafia italoamericana de Nueva York pasamos a los tiburones del mercado inmobiliario en París. Romain Duris, sin duda el actor más insoportable del cine francés ('Una casa de locos', 'Exils'), se debate entre seguir la tradición familiar y forrarse vendiendo inmuebles, o apostar por su talento y, al igual que su madre, convertirse en pianista. Una audición con una virtuosa intérprete china decidirá su futuro.
Audiard quedó deslumbrado en su día por 'Melodía para un asesinato', a la que considera la cola del cine independiente americano de los 70. «Habla de temas obvios y otros subyacentes: la paternidad, lo que significa ser hijo, el precio de hacer lo debido, el paso a la madurez ». Cambiar los mafiosos tan caros a Scorsese por agentes inmobiliarios tenía su lógica: «Su comportamiento no se puede decir que sea moral. Veo un paralelismo entre la manera en que un timador se aprovecha de la gente y cómo un agente inmobiliario se apropia del control de la tierra. Ambos toman algo que no les pertenece».
Rodada en tomas largas sin preocuparse de la iluminación, 'De latir ' busca el realismo y obliga al espectador a sentir empatía por un personaje desagradable, a ratos odioso. Jacques Audiard: «Prefiero una basura de tipo a un santón: está mas cerca de la naturaleza humana».