Esta semifinal entre Baskonia y Maccabi promete emociones fuertes. Por la desbordante calidad que emanan ambas plantillas y por el fluido baloncesto que gustan de emplear. La otra, entre CSKA y Barcelona, huele en cambio a plomazo.
El caso es que, sobre el papel, varias son las claves que podrían marcar este duelo. El actual déficit del TAU Cerámica en el puesto de segundo base, la 'extraña' defensa macabea o el altísimo ritmo al que suele mover sus caderas se perfilan como pautas básicas.
Fuentes macabeas confirmaron ayer a este periódico que Pablo Prigioni será «uno de los objetivos». Pini Gershon, el excéntrico técnico hebreo, ha capitalizado gran parte de la preparación de este choque en la defensa al cerebro azulgrana. ¿La máxima? Acoso y derribo.
Will Solomon, alocado atacante e implacable defensor, será el principal responsable de frenarle. Luego le relevarán Sharp y Burstein. Como Ukic o Chalmers no sean capaces de darle los suficientes minutos de refresco, el máximo asistente de esta Euroliga corre riesgo de asfixiarse antes de tiempo.
A su vez, este Maccabi asimétrico ha cambiado sus máximas defensivas. Este curso suele tirar de una zona de ajustes. Es decir, defensa individual al rival con balón y zonal en el otro lado de la cancha. No obstante, la formación macabea suele jugar al despiste con este recurso, intentando desconcertar a su oponente. O sea, que les cueste interpretar si está atacando una zona o una defensa hombre a hombre.
En este punto, el 'bloqueo y continuación' de Prigioni y Scola, los triples de la batería exterior o el celebrado coraje del joven Splitter tendrían que ayudar a desmontar tan estudiado entramado.
El balón vuela
El vigente monarca europeo gusta de imprimir un ritmo altísimo. El balón circula con profusión. Poco bote y mucho movimiento. Todos sus jugadores -Gershon gusta de sacar cuatro 'pequeños'- son muy móviles.
Esa fluidez, unida a una enorme calidad individual, se traduce en marcadores altísimos. Su promedio anotador roza los noventa puntos por noche. Similar al que exhibe el TAU este curso. Eso sí, cuando el oponente de turno acierta a limarle su producción ofensiva hasta la barrera de los 75, los problemas afloran para el Maccabi, que tiende a atorarse.